miércoles, 9 de febrero de 2011

Lectio Divina miércoles 9 de febrero 2011, Tiempo Ordinario, Ciclo – A- Lecturas: Génesis 2,4b-9.15-17; Salmo 103; Marco 7,14-23

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

PARA SABER LO QUE SE DEBE HACER


1. Hagamos la LECTURA 
Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el campo. Sólo un manantial saltaba del suelo y regaba la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara. El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD.  Como comentamos ayer, Dios nos pensó para que fuéramos felices (todos, no unos cuantos). Para esto el ser humano debe tener límites, no impuesto por los hombres por que todos somos sujetos a equivocarnos, sino límites impuestos por aquel que nos creó. Hay cosas buenas y malas… ¿quién tiene la capacidad de discernir entre ellas? Sólo Dios.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
La prohibición de comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal no va referida a una especie de manzana, como se la ha querido pintar de forma ridícula. Dios le está diciendo al hombre que será feliz e inmortal si vive en perfecta comunión de obediencia con Él. Para conocer lo que está bien y lo que está mal, para saber lo que debe y lo que no debe hacer, el ser humano deberá preguntarle a Dios y obedecerle libre y gozosamente. Pero el día en que el hombre quiera ser ley para sí mismo, cuando decida por su cuenta lo que es bueno y lo que es malo, sentándose sobre el trono del Creador y ocupando furtivamente el papel del Dios... Ese día se quedará solo y morirá. Podrá soñar con ser ley para sí mismo, pero no podrá darse a sí mismo la vida.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
El autor del Génesis nos recuerda que la creación es bella y que Dios la ha puesto a disposición del hombre; en medio de ella, éste se encuentra en su lugar, en “su casa”. Más aún, existe una profunda comunión entre el hombre y la naturaleza; también él está formado de barro de la tierra.
Pero existe entre hombre y creación una diferencia fundamental: el hombre lleva en sí mismo algo de divino, es “soplo de Dios”. Es, por tanto, terreno y supraterreno. Por ser supraterreno puede cultivar la tierra, planificar, administrar la creación. Pero no es esta una potestad ilimitada; hay algo misterioso con lo que no se puede jugar, unos límites que no se deben traspasar, “un árbol del que no se debe comer”.
El hombre contemporáneo sabe mucho de todo esto; ha descubierto el átomo y la bomba atómica, su conocimiento de la naturaleza le hace libre frente a ella, pero a veces le llena de temor: hay posibilidades que pueden volverse contra él y destruirle. Mejor dicho, ya se han vuelto y le han destruido, física o moralmente.
En los últimos decenios la ciencia se ha atrevido a hurgar en el misterio de la vida; se ha adentrado en el delicado terreno de la ingeniería genética humana; ha inventado la fecundación in vitro, de animales y de seres humanos; ha puesto en marcha la clonación; conserva embriones humanos congelados. Nuevas posibilidades se vislumbran constantemente; lo que no se entrevé es el final. Es posible que ya estemos mordiendo del fruto prohibido, y hayamos hecho desaparecer el encanto y el misterio de la vida y de la creación.
El Génesis nos invita a detener el paso y reflexionar frente a lo que nos rodea. Es una lástima que el ecologismo de nuestro tiempo haya sido promovido predominantemente por grupos marginales, generalmente no creyentes, y con grandes incoherencias, ya que no rara vez, mientras luchan por la conservación de un vegetal exótico, defienden el aborto como un derecho humano más. Pero no por ello hemos de dejar pasar lo que de correcto tenga su llamada: San Pablo decía a los cristianos de Filipos que vivían en medio de paganos: “tomen en consideración todo lo que hay de verdadero, noble, justo, puro, amable, bien visto, virtuoso, laudable” (Flp 4,8). El pobrecillo de Asís resulta un modelo a seguir, al ver la creación como una hermana a quien amar.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón  
"Pero del árbol del conocimiento del bien y del mal, no comas: porque el día que comas de él tendrás que morir".
Es decir, no podemos tener la libertad soberana e infinita de Dios, pero sí una libertad y una responsabilidad a la medida de nuestro ser, fruto del amor de Dios. Por eso, Dios no se debe concebir nunca, como un rival del hombre. La misión de Dios no es recortar las posibilidades del hombre, sino, precisamente todo lo contrario, fundar y sostener las posibilidades reales del hombre. Por tanto, nada que sea auténticamente humano y humanizante está prohibido o limitado por Dios. Dios sólo prohíbe lo que hace daño al hombre porque sólo quiere su bien. Y además, Dios no lo prohíbe desde fuera, sino desde nuestra misma naturaleza. Es como un código genético que llevamos. Lo mismo que el código genético... así también el ser criatura Dei, imprime carácter, es como un cromosoma según el cual ha de ser nuestro comportamiento: ser de criatura y en camino de ser hombre en el mundo en perfecta y continua relación de amor con Dios y con los hombres. Es decir, si yo peco es porque me salgo de mí ser de criatura y de mi destino de hombre en el que Dios me ha puesto en el mundo.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios? Con el Salmo 103
Bendice, alma mía, al Señor
Bendice, alma mía, al Señor,  ¡Dios mío, qué grande eres! Te vistes de belleza y majestad, la luz te envuelve como un manto.
Todos ellos aguardan a que les eches comida a su tiempo: se la echas, y la atrapan; 
abres tu mano, y se sacian de bienes.
Les retiras el aliento, y expiran, y vuelven a ser polvo; envías tu aliento, y los creas, 
y repueblas la faz de la tierra.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Todos queremos ser felices, pero no es fácil serlo. Es preciso la mayoría de las veces seguir: “INSTRUCCIONES”
Un día le pedí a Dios instrucciones para vivir en esta tierra... Dios acercó su voz a mi oído y me dijo:

·         Sé como el sol: Levántate temprano y no te acuestes tarde.
·         Sé como la luna: brilla en la oscuridad, pero sométete a la  luz mayor.  
·         Sé como los pájaros: come, canta, bebe y vuela.
·         Sé como las flores: enamoradas del sol, pero fieles a sus raíces.
·         Sé como el buen perro: obediente, pero nada más a su Señor.
·         Sé como la fruta: bella por fuera, saludable por dentro.
·         Sé como el día: que llega y se retira sin alardes.
·         Sé como el oasis: da tu agua al  sediento.
·         Sé como la luciérnaga: aunque pequeña emite su propia luz.
·         Sé como el agua: buena y transparente.
·         Sé como el río: siempre hacia  adelante.
Y por sobre todas las cosas,
·         Sé como el cielo: La morada de  Dios.

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