martes, 28 de septiembre de 2010

Lectio Divina. Martes 28 de setiembre.

Lectio Divina martes 28 de septiembre 2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Job 3,1-3.11-17.20-23; Salmo 87; Lucas 9, 51-56. Aprovechemos a Jon para esta linda Lectio



Job abrió la boca y maldijo su día diciendo: «¡Muera el día en que nací, la noche que dijo: "Se ha concebido un varón"! ¿Por qué al salir del vientre no morí o perecí al salir de las entrañas? ¿Por qué me recibió un regazo y unos pechos me dieron de mamar? Ahora dormiría tranquilo, descansaría en paz, lo mismo que los reyes de la tierra que se alzan mausoleos, o como los nobles que amontonan oro y plata en sus palacios. Ahora sería un aborto enterrado, una criatura que no llegó a ver la luz. Allí acaba el tumulto de los malvados, allí reposan los que están rendidos. ¿Por qué dio luz a un desgraciado y vida al que la pasa en amargura, al que ansía la muerte que no llega y escarba buscándola más que un tesoro, al que se alegraría ante la tumba y gozaría al recibir sepultura, al hombre que no encuentra camino porque Dios le cerró la salida?»

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Job es aquí el eco, en todas las lenguas, de todos los hombres del mundo que sufren mucho y dicen: ¿para qué vivir? ¿por qué he nacido? Desea la muerte. Notemos, sin embargo, que Job no formula directamente ninguna maldición contra Dios; en términos patéticos, maldice el día de su nacimiento. ¿Sé yo escuchar las quejas y lamentos de los hombres muy probados? ¿Sé llevar a la oración mis propias pruebas? A Dios, no le asombran nuestros gritos. Los gritos de Job, como los de tantos salmos, forman parte de la Biblia, libro sagrado; son palabras divinas a través de expresiones humanas. "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
Ya no hay en Job la paciencia de ayer. Ahora la crisis le invade. Una crisis muy humana: la cadena de los "por qué" que siguen estando en nuestros labios tantas veces. Una crisis que le lleva a maldecir su propia vida y a rebelarse contra Dios, que le parece caprichoso e injusto, al castigar a un inocente.

Es un grito que no es sólo de Job. Es el grito de Jeremías, en una crisis semejante: "maldito el día en que nací... oh, que no me haya hecho morir desde el seno materno, ¿para qué haber salido a ver pena y aflicción?" (Jr 20,14-18). En el origen de la crisis de Jeremías está la misma pregunta: "Tú llevas siempre la razón, Yahvé, pero voy a tratar contigo un punto de justicia: ¿por qué tienen suerte los malos?" (Jr 12,1).

Es el grito de Jesús en la cruz, en el colmo del dolor y la soledad: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?". Es el grito de los que han sufrido y siguen sufriendo injustamente. La pregunta que seguimos planteando cuando vemos la desgracia de los niños o de los inocentes, mientras que, en apariencia, los malvados se salen con la suya y Dios parece bendecirles. ¿Por qué?

Los cristianos tenemos un dato nuevo: la muerte y resurrección de Jesús. Pero también nos sigue costando dar con la clave para la respuesta a esta misteriosa pregunta.
Cuando nos toque vivir días tan oscuros como los de Job, hagamos nuestro el salmo de hoy: "Señor, Dios, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia, mi alma está colmada de desdichas, me has colocado en lo hondo de la fosa". El Sábado Santo fue todo oscuridad para Jesús. Pero amaneció la mañana de la resurrección.

¿Sabemos convertir en oración nuestra duda?, ¿sabemos fiarnos de Dios como hará en definitiva Job, y sobre todo Jesús, a pesar de que no entendamos el porqué de tantas cosas en la vida?

¿Qué nos enseña el capítulo 3 del libro de Job? En primer lugar, a saber distinguir como es debido entre lamentación y queja. Estamos demasiado inclinados a lamentarnos de todo y con frecuencia. Nos lamentamos sobre todo de los otros. Ya no somos capaces de lamentarnos con Dios, de llorar ante Dios. Hemos perdido la capacidad de dirigirnos a Dios. Escribe el cardenal Martini que “abrir la vena de la lamentación es la manera más eficaz de cerrar los filones de las quejas que entristecen el mundo, la sociedad, las realidades eclesiásticas que carecen de salida porque, al ser vividas en un ámbito puramente humano, no llegan al fondo del problema”. En segundo lugar, nos enseña a mirar de frente nuestras pruebas, de modo que amortiguamos su aguijón. Cuando pensamos que no lo lograremos, precisamente entonces llega el momento en el que podemos expresar nuestro amor gratuito. Jesús nos mostró la gratuidad de su amor precisamente en la cruz, en el colmo del dolor y de su grito, que, por una parte, expresa la extrema desolación y, por otra, la confianza total en el Padre (cf. Mc 15,34).

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-¿Por qué dar vida a un hombre que ve cerrado su camino y a quien Dios tiene cercado?
El libro de Job es el libro de los «¿por qué?». La pregunta dirigida a Dios: ¿por qué razón existe la desgracia? Pero es también la pregunta que el hombre se plantea a sí mismo. Interrogar es propio del hombre reflexivo: el simple hecho que un "por qué" se deslice en el núcleo de la rebeldía es suficiente para probar que la existencia no se reduce al mal. Si el hombre plantea "preguntas", muestra que es capaz de tomar perspectiva... que imagina que podría ser de otro modo... muestra que hay en él el dinamismo de la vida y de la felicidad. De otra parte, si el hombre "pregunta" a Dios, aunque sea con dureza, es porque reconoce su Existencia. Si Dios no existiera, no cabría hacerle pregunta alguna... nadie pregunta a la nada. Con la nada por delante los "por qué" no estarían tan sólo "sin respuesta" sino que no tendrían tampoco objeto. Jesucristo es la única respuesta de Dios a todos esos "por qué".

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios? con el Salmo 87
Llegue hasta ti mi súplica, Señor
Señor, Dios mío, de día te pido auxilio, de noche grito en tu presencia;
llegue hasta ti mi súplica, inclina tu oído a mi clamor. Porque mi alma está colmada de desdichas, y mi vida está al borde del abismo; ya me cuentan con los que bajan a la fosa,
soy como un inválido.  Tengo mi cama entre los muertos, como los caídos que yacen en el sepulcro, de los cuales ya no guardas memoria, porque fueron arrancados de tu mano.  Me has colocado en lo hondo de la fosa, en las tinieblas del fondo; tu cólera pesa sobre mí, me echas encima todas tus olas.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Job ya sabía, como lo sabemos todos, que un día nos vamos a marchar. Pero el problema no es saber de la muerte, sino de la vida: “Imposible atravesar la vida.”.

…sin que un trabajo salga mal, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que alguien de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio. Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe. Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo para vivirla. Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para mejorarlo.

Uno crece asimilando lo que deja atrás, construyendo lo que tiene por delante y
proyectando lo que puede ser el porvenir. Crece cuando se supera, se valora, y sabe dar frutos. Crece cuando se abre camino dejando huellas,  asimilando experiencias,  ¡y sembrando raíces!

Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos ni prejuicios;  cuando da ejemplos sin importarle burlas ni desdenes; cuando cumple con su misión.  Uno crece cuando es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento... ¡y humano por nacimiento!..

Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo. Uno crece cuando es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse con residuos de flores...  ¡Y de encenderse con residuos de amor...!

Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y  dándole a la vida  más de lo que de ella recibe. Uno crece cuando se planta  para no retroceder... Cuando se defiende como águila para no dejar de volar... Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella. Entonces... uno Crece Y CRECE CUANDO CREE, ESPERA Y CONFÍA  EN SU CREADOR!


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