miércoles, 6 de abril de 2011

Lectio Divina cuarto miércoles de cuaresma 6 de abril 2011, Ciclo – A- Lecturas: Isaías 49,8-15; Salmo 144; Juan 5,17-30

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

YO NO TE OLVIDARÉ



1. Hagamos las LECTURAS 
Del libro del profeta Isaías 49,8-15
Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salgan", a los que están en tinieblas: "Vengan a la luz." Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Mírenlos venir de lejos; mírenlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; rompan a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.»

Del Evangelio según san Juan 5, 17-30
Jesús dijo a los judíos: -«Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.» Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: - «Se los aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para asombro de ustedes. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió. Se los aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Les aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán.  Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No les sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD  ¡Qué falsos somos, a veces, los cristianos! Nos amilanamos pronto ante cualquier crítica, mofa u oposición. ¡Pero, qué valiente Jesús! Ante la hostilidad extrema de los líderes judíos, que traman eliminarlo, él se acrece. Y da razón patente de su compromiso con la vida y con el reino. La ley no es la expresión suprema de la voluntad divina. La misericordia es la “nueva Ley” en el reino de Dios, superando la fidelidad literal a la ley. Jesús nos llama a participar de esa misma vida plena, eterna, de Dios, siempre y cuando hayamos sido capaces de sobreponernos a nuestro egoísmo, y hayamos sido capaces de amar a los hermanos, después de creerle y honrarle a él. ¿Intentamos sinceramente vivir la voluntad de Dios sin miedo al ridículo y a la hostilidad de los que nos rodean? ¿Hacemos de la misericordia y el amor las actitudes más fundamentales de nuestra vida?

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Cuando los judíos le cuestionan y le echan en cara por curar a un paralítico en sábado, Jesús les responde que él actúa junto con su Padre. Sí, después de la obra de la creación Dios descansó el séptimo día.  --- Pero la obra de redención se está realizando sin interrupción; el Padre y Jesús están siempre trabajando, aun en sábado. Ambos continúan la misión de liberación, confortando y amando, proporcionando abundante alimento al pueblo escogido, dando nueva vida a los cojos y a los muertos, expresiones todas ellas de la obra de salvación. Dios declara apasionadamente que él está con nosotros, que no nos puede olvidar, que quiere que vivamos en su amor, que él es fiel a la Alianza, aun cuando su pueblo escogido no lo sea. Jesús es el signo palpable del amor de Dios. Él es la fuente de vida ahora entre nosotros. Con y como Jesús, tenemos que buscar la voluntad del Padre.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
La obediencia de Jesús a su Padre le lleva a ser osado.  La osadía le impulsa a tocar la institución sagrada, el sábado.  Ha roto el sábado curando a un enfermo.  Sus adversarios se sienten inquietos.  No se toca lo intocable impunemente.  Perciben que todo el edificio religioso peligra.  Jesús remueve los cimientos más básicos de su universo religioso.  La conclusión es lógica: el enfrentamiento abierto.
En pleno enfrentamiento, todavía añade una afirmación más: Mi Padre está trabajando.  El no está de brazos cruzados; me apoya porque lo que yo hago no es iniciativa privada mía, sino que es la obra del Padre.  Esta manera de argumentar que tiene Jesús enciende más el fuego con los adversarios.  No sólo toca la institución del sábado, sino que añade una nueva afirmación: Jesús se confiesa hijo de Dios.  Es insoportable no sólo lo que dice, sino el que lo dice... ¡Si al menos vinieran estas cosas «tremendas», que «ponen todo en cuestión», de uno que tiene poder, autoridad.... pero es que vienen desde la base, saltándose el poder instituido y garante de la letra de la Ley!
Se inicia una “dime que te diré” donde será imposible que la luz brille.  Es demasiado espeso el muro que protege a los defensores de la Ley como para admitir el mínimo rayo de sol. No estamos lejos de esta vivencia nosotros.  Nos podemos aproximar a la situación enunciada en el pasaje evangélico mirando detenidamente la experiencia personal cuando una palabra, un comportamiento, una iniciativa nos rompe los esquemas y nos desplaza.  Salir del universo que conocemos y donde nos sentimos seguros (aunque no salvados, pues preferimos la seguridad a la salvación, a la libertad) hace que suenen en nosotros todas las alarmas y miedos.  Nos acostumbramos tanto a vivir rutinariamente, que llegamos a pensar que no hay otro modo posible de vida.
Hay personas que funcionan así también hoy.  Sus dogmas y sus principios son su alimento exclusivo.  Mientras, Dios está manos a la obra, prendiendo luz y fuego para desenmascarar la tiniebla que nos rodea. La palabra de Dios pone el dedo donde nosotros no nos atrevemos a tocar.  Dios habla al corazón.  Dios cuestiona los pilares en los que nos apoyamos.  Consciente o inconscientemente las personas nos damos unas reglas de convivencia que consisten en admitir «intocables» en nuestra existencia.  Personas que dan «por supuesto» que hay cosas en su vida «que no se tocan»; relaciones de pareja o entre amigos que dan «por supuesto» que «hay temas que no se tocan» para poder seguir manteniendo la relación.  De esta manera funcionan entre nosotros muchas cosas: a base de no tocar los temas delicados y peligrosos.
Y tenemos aquí que para Dios «nada es intocable».  Lo más sagrado es la llaga que Jesús primero abre para poner luz y claridad: el Templo, la idea de Dios que los fariseos se han hecho, la salvación de Dios que esperan...
Todos, instituciones y personas, portamos una innata tendencia a absolutizar ideas sobre Dios.  Al obrar así, no es que defendamos a Dios, nos defendemos de Dios que «siempre es más de lo que nosotros nos imaginamos de ÉI». Dios no quiere que le imaginemos, sino que descubramos y escuchemos su Palabra.  Es la única verdad que vale y la única luz que ilumina «como Dios manda».

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
Dios no para. Se ha volcado, se vuelca y se seguirá volcando con su pueblo, como con el hijo de sus entrañas. Quizás este es un buen momento para recorrer tu propia historia y contar o cantar lo que Dios ha hecho en tu vida o en la de otros cercanos a ti. ¿Qué destacarías en su modo de actuar? ¿En qué te descoloca? ¿A que te mueve? ¿En qué líos te mete? Vale la pena pararnos y contestarnos alguna de estas preguntas. Esta en juego algo vital: sabernos amados como hijos e hijas de Dios para vivir como auténticos hermanos y hermanas. 

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?           
Oh Dios y Padre nuestro: Tú sigues buscándonos,  con un amor tan apasionado como el de una madre,  aun cuando te hayamos abandonado. Danos esperanza y valor,
especialmente cuando nos sentimos inseguros. Danos la seguridad de que tú quieres que vivamos en la certeza y convencimiento de tu amor y de que tú permaneces siempre con nosotros por medio de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Dios no para. Se ha volcado, se vuelca y se seguirá volcando con su pueblo, como con el hijo de sus entrañas. Quizás este es un buen momento para recorrer tu propia historia y contar o cantar lo que Dios ha hecho en tu vida o en la de otros cercanos a ti. ¿Qué destacarías en su modo de actuar? ¿En qué te descoloca? ¿A que te mueve? ¿En qué líos te mete? Vale la pena pararnos y contestarnos alguna de estas preguntas. Esta en juego algo vital: sabernos amados como hijos e hijas de Dios para vivir como auténticos hermanos y hermanas.  “EL SEÑOR DEL UNIVERSO ES MI PADRE”
Un niño estaba de pie en la playa. Un barco de pesca regresaba bordeando la costa. El niño hacía grandes señales para llamar la atención de los pasajeros. Cerca de él había un hombre que lo estaba observando, y le dijo: « ¡No seas tonto, el barco no va a cambiar de rumbo aunque muevas los brazos!». Pero inesperadamente el barco viró y se acercó a la orilla.

Echaron un bote al mar y éste vino a recoger al niño. Una vez a bordo, el niño gritó desde la cubierta: « ¡Señor, no soy tonto; el capitán del barco es mi padre!».

Esta historieta contiene una enseñanza para nosotros los cristianos.

¿Por qué el capitán cambió de rumbo? No fue porque el niño tuviera derecho a parar el barco, sino porque se trataba de su hijo.

Cuando las circunstancias de la vida son difíciles y no hay esperanza, ¿Puede ser que Dios cambie el curso de las cosas por un sólo hombre que ore? Sí, y el que gobierna el universo a menudo lo hace, porque el creyente que ora no sólo es un hombre, sino su hijo.

Al igual que este niño de la playa, podemos ser incomprendidos, pero no dejemos de orar a Dios, a pesar de su grandeza, y a veces de su silencio, pues es nuestro Padre, quien nos conoce personalmente. Aquel niño era insignificante ante un barco, pero ocupaba un lugar importante en el corazón del capitán.

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