martes, 17 de mayo de 2011

Lectio Divina  cuarta semana de Pascua    martes 17 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 11, 19-26; Salmo 86; Juan 10, 22-30

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

NADIE LAS ARREBATARÁ DE MI MANO



1. Hagamos las LECTURAS 
Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban: - «¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.» Jesús les respondió: - «Se los he dicho, y no creen; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero ustedes no creen, porque no son ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Hoy nos sorprende la pregunta que le hicieron los judíos a Jesús: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Lo cierto es que ojalá hoy muchos se hicieran esta u otras preguntas con respecto a Jesús. Porque ya ni preguntamos y si preguntamos no escuchamos la respuesta. ¿Será que no queremos la vida eterna?

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Declarándose a sí mismo como el único pastor con quien las ovejas pueden sentirse seguras, Jesús declara la ineptitud y la falsedad de los que se tienen a sí mismos como pastores del pueblo. La reacción más inmediata que provoca Jesús con estas palabras es que sus oyentes se dividen en dos bandos: Los que creen en sus palabras y aceptan que en verdad él es el enviado de Dios, y el bando de quienes sólo ven en él a un endemoniado y loco. Para este segundo grupo, a quienes comúnmente Juan denomina “judíos”, Jesús es un embaucador y mentiroso. Sin embargo, como nos muestra hoy el evangelio, aun estos mismos judíos empedernidos lo abordan hoy en el marco de la celebración de la fiesta de la Dedicación, para interrogarlo: “¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo claramente”. Jesús no se vuelve atrás; una vez más declara que sí, que ya lo ha dicho; pero subraya que sus oyentes no pueden entenderlo, ni pueden ver en él al enviado de Dios, por una razón muy sencilla: No creen.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
Hoy, la mirada de Jesús sobre los hombres es la mirada del Buen Pastor, que toma bajo su responsabilidad a las ovejas que le son confiadas y se ocupa de cada una de ellas. Entre Él y ellas crea un vínculo, un instinto de conocimiento y de fidelidad: «Escuchan mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen» (Jn 10,27). La voz del Buen Pastor es siempre una llamada a seguirlo, a entrar en su círculo magnético de influencia.

Cristo nos ha ganado no solamente con su ejemplo y con su doctrina, sino con el precio de su Sangre. Le hemos costado mucho, y por eso no quiere que nadie de los suyos se pierda. Y, con todo, la evidencia se impone: unos siguen la llamada del Buen Pastor y otros no. El anuncio del Evangelio a unos les produce rabia y a otros alegría. ¿Qué tienen unos que no tengan los otros? San Agustín, ante el misterio abismal de la elección divina, respondía: «Dios no te deja, si tú no le dejas»; no te abandonará, si tú no le abandonas. No des, por tanto, la culpa a Dios, ni a la Iglesia, ni a los otros, porque el problema de tu fidelidad es tuyo. Dios no niega a nadie su gracia, y ésta es nuestra fuerza: agarrarnos fuerte a la gracia de Dios. No es ningún mérito nuestro; simplemente, hemos sido “agraciados”.
La fe entra por el oído, por la audición de la Palabra del Señor, y el peligro más grande que tenemos es la sordera, no oír la voz del Buen Pastor, porque tenemos la cabeza llena de ruidos y de otras voces discordantes, o lo que todavía es más grave, aquello que los Ejercicios de san Ignacio dicen «hacerse el sordo», saber que Dios te llama y no darse por aludido. Aquel que se cierra a la llamada de Dios conscientemente, reiteradamente, pierde la sintonía con Jesús y perderá la alegría de ser cristiano para ir a pastar a otras pasturas que no sacian ni dan la vida eterna. Sin embargo, Él es el único que ha podido decir: «Yo les doy la vida eterna» (Jn 10,28).

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-El pastor mercenario, si ve venir el lobo, huye... No tiene interés alguno por las ovejas.
He aquí la imagen contrastante. El falso pastor, sólo piensa en él. Es incapaz de arriesgar su vida ante el lobo. Las ovejas no cuentan para él. Jesús ha arriesgado su vida para defender a la humanidad. Ha arriesgado su vida por mí. Y Pablo, para expresar el inmenso valor de todo ser humano dirá: "¡es un hermano por quien Cristo ha muerto! (Rm 14, 15; Co 8, 11) Yo soy alguien para Jesús. Soy importante para El. Todo hombre es importante para Jesús. Está dispuesto a batirse por él.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Padre bueno: El mensaje es claro.  Nuestros “oídos” han de reconocer la voz de Jesús.
Han de saber discernir el sonido de su llamada  del de otras falsas llamadas.  Y desde el convencimiento y la seguridad de que es Él  quien nos conduce, hemos de seguirle dóciles y sin reservas. Caminando en la confianza de que Él nos conoce a fondo  y de que es el único capaz de dotar a nuestra vida  de una felicidad profunda que atravesará los límites de la muerte. Siguiéndole a Él y arraigándonos en su pertenencia  haremos “oídos sordos” a las llamadas engañosas  de otros “falsos pastores”. Gracias Señor por el don de la fe.  Por ella podemos, poco a poco, ir conociendo tu identidad,  amarla e identificarnos con ella.  Así, Tú logras que vayamos creciendo en nuestra pertenencia a Ti. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación:  La invitación de la Palabra nos lleva a hacer de nuestras resistencias capacidades: escuchar y creer, vivir la vida en Dios, en el hermano, en cada situación; de nuestros olvidos, certezas: Dios es Dios, nos amó primero, nos ama con infinita ternura y misericordia, nos cuida y nos sostiene siempre; de nuestro conformismo, empeño: desde la comunión y la fraternidad hacer posible el proyecto del evangelio. “¿CONOCES EL SALMO O AL PASTOR?”

Al final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare. Después se ofreció a que le pidieran lo que desearían escuchar. Un tímido sacerdote preguntó al actor si conocía el salmo 22. El actor respondió: «Sí, lo conozco, pero estoy dispuesto a recitarlo solo con una condición: que después también lo recite usted».

El sacerdote se sintió algo incómodo, pero accedió. El actor hizo una bella interpretación con una dicción perfecta: «El Señor es mi pastor, nada me falta...». Los huéspedes aplaudieron vivamente. Llegó el turno al sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, solo un profundo silencio y el inicio de lágrimas en algún rostro. El actor se mantuvo en silencio unos instantes, después se levantó y dijo: «Señoras y señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha sucedido esta noche. Yo conocía el salmo, pero este hombre conoce al Pastor».

lunes, 16 de mayo de 2011

Lectio Divina  cuarta semana de Pascua    lunes 16 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 11, 1-18; Salmo 41; Juan 10,11-18

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

YO SÍ CONOZCO A MIS OVEJAS


1. Hagamos las LECTURAS 
Dijo Jesús: -«Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Con la crisis de gobernantes y dirigentes que tenemos actualmente en nuestras sociedades ¡cómo añoramos un pastor al estilo de Jesús!  Jesús con su vida es modelo de una sociedad en la que el único interés de los pastores debe ser dar vida a sus ovejas, sacrificando la suya propia si fuera preciso por el bienestar de los demás. Para entrar al redil de las ovejas, ser reconocido y seguido por ellas se debe pasar la puerta. Jesús se compara con la puerta misma. Su vida es la norma por la que se debe pasar -la puerta- para ser realmente un buen pastor y no convertirse en explotador y tirano de las ovejas. Para nosotros él es la puerta que nos conduce a la realización plena del hombre.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Sí, en verdad les digo: El que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que sube por otra parte, éste es ladrón y salteador. El que entra por la puerta, es el Pastor de las ovejas. Para comprender bien esta imagen de Jesús, conviene conocer las costumbres de los pastores de oriente; por la noche varios pastores se entienden entre sí para agrupar sus rebaños en un solo redil, vigilado por un solo portero. Los ladrones sólo pueden entrar saltando las empalizadas. Contrariamente, de madrugada los pastores retornan al redil y el portero les abre sin vacilación y pueden llamar a sus ovejas y Ilevarlas a los pastos. Jesús opone los "falsos pastores" -ladrones y salteadores- que pretenden guiar a los demás sin tener para ello mandato... al "verdadero pastor" que es introducido, a plena luz, por la puerta...

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
Tú, hombre, debes reconocer qué eras, dónde estabas y a quién estabas sometido; eras una oveja perdida, estabas en un lugar desierto y árido, te alimentabas de espinas y de maleza; estabas confiado a un asalariado, que, al llegar el lobo, no te protegía. Ahora, en cambio, has sido buscado por el verdadero pastor, que, por su amor, te ha cargado sobre sus hombros, te ha llevado al redil que es la casa del Señor, la Iglesia: aquí es Cristo tu pastor y aquí han sido reunidas las ovejas para morar juntas.

Este pastor no es como el asalariado bajo el que estabas cuando te afligía tu miseria y debías temer al lobo. La medida del cuidado que tiene de ti el buen pastor te la proporciona el hecho de que ha dado su vida por ti. Se ofreció él mismo al lobo que te amenazaba, dejándose matar por ti. Ahora, por consiguiente, el rebaño está seguro en el redil, sin necesidad de otros que cierren y abran la puerta del recinto. Cristo es el pastor y es la puerta, y es también el alimento y el que lo suministra. Los pastos que el buen pastor ha preparado para ti y donde te ha puesto para apacentarte no son los prados de hierbas mezcladas, dulces y amargas, que ahora existen y mañana no, según las estaciones. Tu pasto es la Palabra de Dios, y sus mandamientos son los dulces campos donde te apacienta (Agustín, Sermón 366, 3).

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-A este le abre el portero, y las ovejas oyen su voz, y llama a sus ovejas por su nombre y las saca fuera; y cuando las ha sacado todas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz, pero no seguirán al extraño, antes huirán de él.
Los tres evangelios sinópticos han notado a menudo ese tema del "pastor". Sobre cada frase yo puedo detenerme y llevarla a la oración.
-"Las hace salir..." hasta los verdes pastos. Jesús nos conduce hacia la felicidad, hacia la verdadera expansión, hacia los verdaderos alimentos.
-"Llama a cada una por su nombre..." Jesús me conoce, por mi nombre, en el detalle. ¿No debo yo imitar a Jesús y desarrollar a mi alrededor toda una red de lazos de amistad..., luchar contra el "anonimato"? "Anónimo" = "lo que no tiene nombre, que no se le puede llamar por su nombre"

-"Va delante de ellas..." Toda mi vida humana y cristiana no es otra cosa: tratar de seguir a Jesús, hacer todo como El, imitarle. En este momento preciso de mi vida, ¿qué aspecto de la vida de Jesús debo seguir?
-"Las ovejas conocen su voz..." Esto es también una característica esencial de la vida cristiana: escuchar la voz... meditar con amor la palabra... de Jesús.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Te bendecimos, Padre, por Cristo, nuestro pastor.  Él ha venido para que tengamos vida en abundancia.  Él es la puerta siempre abierta a todos los hombres,  que nos franquea el paso a tu infinita bondad,  a tu amor universal y al amor de nuestros hermanos. Abre nuestras puertas, Señor, rompe los cerrojos,  elimina nuestras defensas y monopolios de gente bien.  Que tu Espíritu rompa brecha en nuestros muros  para que nuestra comunidad sea hogar abierto a todos.  vocaciones de servicio entre nosotros y da siempre a tu pueblo pastores según tu corazón. Amén. 

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación:  Ojalá Jesús no sea un extraño para nosotros, sino alguien cuya voz reconocemos cuando nos grita en los necesitados, en las personas solitarias, en la gente que sufre y que no ha experimentado mucho lo que es justicia y amor. “LO QUE SIGNIFICA “CONOCER”
Cuando dice Jesús: «Yo soy el buen pastor y conozco a mis ovejas», es preciso atribuir al término conocer todo cuanto hay de más profundo, de más amoroso en los labios del Señor Jesús. «Y mis ovejas me conocen», porque así debemos conocerle nosotros, por nuestra parte, con ese conocimiento vital que supera todo conocimiento. Un día comprendí de modo existencial lo que es el «conocimiento» del buen pastor. Estaba sentado a la mesa, a mediodía. Habíamos trabajado durante toda la mañana, un trabajo sucio, con sacos de azúcar que nos dejaban a todos embadurnados. Me encontraba en el lugar de presidencia de la mesa, y por eso, dada la disposición de los sitios, veía de frente a todos mis compañeros de trabajo. Me sorprendía el hecho de que sus rostros parecían cubiertos por una especie de máscara anónima, compuesta de polvo, suciedad, cansancio... Todos se parecían. Después de la comida, como nos quedaba un poco de tiempo libre, una media hora, antes de reemprender el trabajo, me fui con cinco o seis de ellos a un pequeño café, el bar Gaby, como se llamaba la dueña. Era una auténtica marsellesa, próspera, vivaz, alegre; y cada vez que iba al bar Gaby, pensaba yo en la Frase de Jesús: «Yo conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen». En efecto, la dueña del bar Gaby conocía a las ovejas que iban a su abrevadero; conocía el nombre, el apellido y el apodo de cada uno. Y hasta los nombres que podían resultar injuriosos en boca de otros, dichos por ella asumían un tono amistoso. Ella me conocía. Para ella, yo era unas veces Jackie; otras, el «Gafotas». Cada uno era cada uno. Entonces, en contacto con aquella mujer que conocía a sus ovejas y que sus ovejas la conocían, vi caer la máscara que tanto me había sorprendido hace un momento en el comedor: ante aquella mujer se habían vuelto hombres de nuevo, con su propio nombre y apellido. Y —de improviso—surgía algo limpio y sencillo en sus miradas, que volvían a ser como la mirada de un niño.

sábado, 14 de mayo de 2011

Lectio Divina  tercera semana de Pascua  viernes 13 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 9,1-20; Salmo 116; Juan 6, 52-59

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

LA VERDADERA COMIDA Y BEBIDA



1. Hagamos las LECTURAS 
Disputaban los judíos entre sí: - « ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?» Entonces Jesús les dijo: - «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de sus padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.» Esto lo dijo Jesús en la sinagoga, cuando enseñaba en Cafarnaún.

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Duele muchas veces como muchos de nosotros no sabemos la tremenda dignidad que poseemos. Todo un Dios se abaja para hacernos partícipes de su divinidad. No somos un lugar de paso para él: somos estación terminal. Su amor quiere descansar en nosotros, y él quiere que nuestro amor descanse en él. No se nos invita, pues, a vivir un encuentro momentáneo y fulgurante, una experiencia transitoria, un saludo fugaz. Se nos concede permanecer en Cristo; y él promete una permanencia fiel en nosotros. Establecidos en ese amor, podemos sentirnos libres de zozobras. Somos sentados a la mesa. Se nos invita a participar en un sacrificio de alabanza y de acción de gracias, a comer el pan vivo, a beber la sangre de la alianza, como comensales de Dios.

CONTEXTO: El diálogo de Jesús con los judíos acerca del pan de vida va subiendo cada vez más de tono; cuando él les habla del pan de vida eterna ellos le piden: “Señor, danos siempre de ese pan”; en cambio, Jesús les va aclarando de qué se trata, y poco a poco se va viendo que sus oyentes se van cerrando cada vez más a lo que Jesús les ofrece. El evangelista plantea a su comunidad la necesidad de escuchar a Jesús con mente y corazón dispuestos a aceptar su mensaje y a dejarse transformar por él. Comer y beber el cuerpo y la sangre de Jesús es aceptar su humanidad, pero al mismo tiempo es aceptar que en esa humanidad completa, se está manifestando la misma presencia de Dios; es decir, que Jesús encarna en su dimensión humana la voluntad y el querer de Dios. No es posible aceptar en Jesús sólo una dimensión, puesto que él no es divisible; hay que aceptarlo en su integridad, “comerlo” completamente, para poder también ser capaces de transparentar en el mundo el plan salvífico de Dios a la manera de Jesús.

¿QUÉ SIGNIFICA COMER Y BEBER SU SANGRE?
Los judíos no entienden qué quiere decir Jesús cuando les hablar de darles a comer su carne. Se han quedado desorientados. Mientras les habló del pan podían comprender que se presentaba como un maestro de sabiduría que alimenta al pueblo. Pero ahora identifica ese pan con su misma realidad humana, con su carne y no con una doctrina. Comer su carne es una expresión que no comprenden, aunque la imagen es clara: significa, según Jesús, que al igual que cuando comemos, los alimentos se hacen carne de nuestra carne, el discípulo debe asimilarse a él y aceptar y hacer propio el amor expresado por Jesús en su vida (carne) y en su muerte (sangre). Esto significa en realidad la comunión eucarística: un compromiso de la comunidad para asimilarse a la vida de Jesús (carne) y para estar dispuesta hasta entregar la vida como Jesús la entregó (sangre).

Y si en el Éxodo la carne del cordero fue el alimento previo a la salida de la esclavitud y la sangre con la que se marcaron las jambas de las puertas de los israelitas sirvió de señal al exterminador para que no entrase en sus casas, ahora la sangre de Jesús no sólo no libera de la muerte sino que da la vida definitiva.

PARA REFLEXIONAR
Jesús llamó a los primeros discípulos al seguimiento no sólo para que fueran colaboradores suyos, sino para que estuvieran con él. ¿Qué tiempos reservamos para el encuentro, para la escucha, para la acogida de su amor peregrino que llama con los nudillos a la puerta de nuestro mesón? ¿Qué alabanzas y acción de gracias le dirigimos? ¿Le dejamos habitar en nosotros y buscamos habitar en él? ¿Nos daremos más cuenta de que sólo comiendo su carne y bebiendo su sangre podrá la nuestra ser una vida entregada, partida, derramada?

PARA ORAR
Oh Dios, fuente de vida y de amor: ¿Cómo podríamos comprender la profundidad de tu amor, si tu Hijo no se hubiera hecho hombre,  carne de nuestra carne, y sangre de nuestra sangre? ¿Cómo hubiéramos podido tener el valor de vivir, e incluso morir  -si necesario-,  los unos por los otros,  si Jesús no hubiera entregado su cuerpo
y derramado su sangre por nosotros? Que este pan sea el alimento que nos habilite para vivir y morir, como él, los unos para los otros y para ti,  nuestro Dios de vida, por los siglos de los siglos. Amén.

PARA ACTUAR –  Porque queremos aceptar la propuesta de vida que nos hace hoy la Palabra, recemos juntos: “EL PADRE NUESTRO”
·         Padre nuestro que estás en los cielos, en la tierra y en todo el universo. Santificado sea tu nombre, aun cuando el dolor y la desilusión hieran nuestro corazón. Bendito seas.
·         El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy para renovar nuestras fuerzas físicas, y también para nuestro espíritu.
·         Perdona nuestras ofensas, pero enséñanos antes a merecer Tu perdón,  perdonando a aquellos que causan nuestros dolores, oprimen nuestros corazones y destruyen nuestras ilusiones. Que podamos perdonarlos no con los labios, sino con el corazón. Aparta de nuestro camino todo sentimiento contrario a la caridad.
·         Que este Padre Nuestro  sea dadivoso con todos aquellos que sufren. Que una parte de este Padre Nuestro vaya hasta las cárceles donde algunos sufren merecidamente, pero otros por error judicial. Que vaya hasta los sanatorios iluminando las mentes perturbadas que allí se encuentran. Que vaya hasta los hospitales, donde muchos lloran y sufren sin el consuelo de una palabra amiga. Que vaya a todos aquellos que en este momento pasan las puertas de la vida terrenal a la vida espiritual, para que los guíes y le des Tu Perdón.
·         Que este Padre Nuestro vaya hasta los orfanatos donde pobres e infelices criaturas fueron abandonadas, dándoles apoyo y fe. Que vaya hasta el seno de la Tierra  donde el minero está expuesto al fuego, y que al final del día, regrese sano donde su familia. Que este Padre Nuestro vaya hasta los dirigentes de las naciones para que eviten la guerra y cultiven la paz.
·         Ten  piedad de los huérfanos y las viudas. De aquellos que no tienen un pedazo de pan. Ten compasión de los que andan por los aires. De los que luchan contra los vendavales en un mar bravío. Ten piedad de la mujer que da a luz una nueva vida.

Que la paz y la armonía esté siempre entre nosotros. Así sea.

viernes, 13 de mayo de 2011


Lectio Divina  tercera semana de Pascua  jueves 12 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 8,26-40; Salmo 65; Juan 6, 44-51

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

CARNE PARA LA VIDA DEL MUNDO



1. Hagamos las LECTURAS 
Dijo Jesús a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Se los aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo."


VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Nuestra vida toda es una eterna búsqueda: Nos pasamos la vida buscando cosas que nos atraigan, que nos satisfagan… Y buscamos caminos más cortos para llegar a casa y librarnos del tranque, y buscamos noticias que nos saquen de la rutina… y buscamos religiones que no sean aburridas y buscamos también el pan, pero siempre estamos insatisfechos. La buena noticia es que sí hay un medio, un alimento, un camino, un pan que nos hará vivir para siempre: EL PAN VIVO. Ese pan vivo es Jesús. No es un alimento que asimilemos a nosotros, sino que nos asimila. Él nos hace tener hambre de Dios, sed de escuchar su Palabra que es gozo y alegría del corazón. 

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Los antepasados del pueblo de Jesús no entendieron cabalmente el signo del maná, allá en el desierto, en sus inicios como pueblo libre. El plan de Dios, cuando los rescató del poderío egipcio, fue construir con aquella masa de esclavos un modelo alternativo de vida nueva basado en la fraternidad, la solidaridad y la igualdad. Dios insiste en que aquel alimento que “caía del cielo” debía ser compartido de manera equitativa; que nadie debía tomar más de lo necesario, ni guardarlo para el día siguiente, porque día tras día había para todos. Se trata del querer de Dios expuesto al pueblo como una alternativa que podría garantizarle vida para siempre.
Como ya dijimos, aquellos antepasados no supieron mantenerse fieles a ese querer divino; dieron rienda suelta a la ambición y a la codicia, y terminaron víctimas de su propia infidelidad y desobediencia. Jesús, que conoce profundamente la voluntad del Padre, se presenta y se ofrece como ese pan que perdura; es decir, muestra una forma alterna de vida que puede llevar a sus seguidores a su realización, a no sentir más el hambre y la sed.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
No se debe mirar a Jesús a distancia, hay que aproximarse a Jesús como a alguien accesible, como amigo que nos acoge en la calidez de su morada. Entonces, nuestra vida se fundamenta en Él, nuestro ser arranca y crece en un impulso de libertad, y nos sentimos a gusto con Dios y con la vida. La vida que Jesús ofrece es directamente proporcional a esta relación. Los horizontes del corazón se abren en la medida en que se ahonda la intimidad con el Señor.
En fin... Nuestra vida se fortalece en la misma vida de Él, haciendo camino de la fe, para que en el espacio de la relación con Él, brote en nosotros su misma vida. Es así como recibimos el don del pan del cielo, vida que sin duda es verdadera vida.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
Sólo el ser humano que vive en comunión con Jesús se realiza y se abre a una vida duradera y feliz. Sólo “quien come” de Jesús, pan, no muere. Jesús, pan de vida, dará la inmortalidad a quien se alimenta de él, a quien, en la fe, interioriza su Palabra y asimila su vida.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Oh Padre de bondad: Tú atraes hacia ti a todos los hombres  que creen en tu Hijo Jesucristo. Fe, Señor, fe es lo que necesitamos. Dánosla, te rogamos; una fe viva para que podamos encontrar hoy a Jesucristo, tu Hijo,  en tu palabra que nos diriges,
en el pan de vida que nos ofreces,  y en el alimento que podemos compartir 
mutuamente con los hermanos.  Todo ello en el mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,  que vive contigo y con el Espíritu Santo  ahora y por los siglos de los siglos. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Vivir, ser vivaz, vibrar animosos con la vida, así es cómo nosotros y nuestras comunidades habríamos de mostrarnos, si es que el Señor está vivo realmente entre nosotros. Algunas comunidades cristianas primitivas se llamaban a sí mismas “Hoy zontes”, “los que viven”.  ¿Acaso no habríamos de ser todos así? “SÍ A LA VIDA”

Siento dentro de mí, Señor, un profundo deseo de vivir. A pesar de mis sufrimientos, de mis penas y fracasos, a pesar de mis incertidumbres, luchas y oscuridades, amo la vida que Tú me has dado, y digo un sí del cual todavía no acierto a ver las consecuencias.

No me importa que me tomen por ingenuo optimista mientras yo pueda decir que es tu ilusión en mí. No me importa que me consideren siervo encadenado mientras yo sienta y transmita deseos de vivir y dejar vivir.

Señor, renuevo hoy, una vez más, mi sí a la vida; y asumo, ante Ti, el compromiso de darle cuerpo y espíritu con todo lo que tengo y soy, con tu aliento, en su riqueza y miseria, en su pequeñez y grandeza.

Y si alguna vez me desdigo y estoy a punto de hacer el ridículo, renueva, oh Señor, tu compromiso conmigo, para que pueda vivir como hijo, de nuevo.

Lectio Divina  tercera semana de Pascua  miércoles 11 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 8,1b-8; Salmo 65; Juan 6, 35-40

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

PARA NO PASAR NI HAMBRE NI SED


1. Hagamos las LECTURAS 
Dijo Jesús a la gente: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como les he dicho, me han visto y no creen. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Hoy nos toca a nosotros estar firmemente convencidos de que en nuestro seguimiento a Jesús vamos encontrando el camino de nuestra autorrealización como personas; que nuestra vida tiene en verdad sentido, porque precisamente vamos detrás de la Verdad misma que es Jesús, el único que da vida abundante y eterna.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Jesús recalca la incredulidad de sus oyentes. Acaba de proclamar que él es el pan de la vida, pero, aunque le ven a él en persona, no le creen. Sin embargo, Jesús es consciente de que la actitud incrédula de sus oyentes no podrá frustrar los planes de Dios. Así tampoco quedará obstruido el camino del Evangelio por el hecho de que muchos no crean en Jesús. A pesar de los múltiples obstáculos, resistencia y rechazos a Jesús y a su propuesta de vida, siempre habrá quien se deje tocar por su palabra y sus acciones; siempre habrá corazones dispuestos y mentes abiertas a aceptar su proyecto como vía de realización personal y comunitaria. Éstos que creen ahora, y los que en el futuro lleguen a creer, tienen la garantía de que en Jesús tienen la vida eterna.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?

Tratemos de responder en oración estas preguntas:

1.      ¿De qué tengo hambre? y

2.      ¿Qué hago para saciar esa hambre?

Una pista orientativa: No sólo hay hambre de cosas materiales (las necesidades básicas del alimento, el vestido, la casa, el status profesional, etc.), también hay otras “hambres”, como por ejemplo:

(a) Hay hambre de la verdad (y no olvidemos que sólo en Jesús se encuentra la verdad de Dios);

(b) Hay hambre de vida (y no olvidemos que sólo en Jesús encontramos vida en abundancia);

(c) Hay hambre de amor (sólo en Jesús se encuentra el amor que supera las heridas del pecado y la separación final de la muerte).

Sólo Jesús puede satisfacer esa hambre más profunda que nos mantiene constantemente insatisfechos.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-El que viene a mí ya no tendrá más hambre. Quien cree en mí, jamás tendrá sed.
El paralelismo de las dos frases permite aclarar la una por la otra. El que "viene a Jesús", el que "cree en Jesús" no necesita ir a otra parte para saciarse... ¡ya no tiene más hambre ni sed! Jesús, fuente de equilibrio y de gozo, fuente de sosiego: la mayoría de nuestras tristezas y de nuestros desequilibrios vienen de no saber apoyarnos realmente sobre la roca de la Palabra substancial del Padre que es Jesús.

"Creer" y "venir a Jesús", son presentados aquí como equivalentes: con ello se pone en evidencia el hecho que la fe es una "actitud vital de adhesión a la persona de Cristo", más que ser el "asentimiento intelectual a una suma de verdades dogmáticas abstractas" -si bien una no excluye a la otra.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
¡Padre! Haz que todos los que nos vean  aprendan a mirar al Hijo, y, viendo al Hijo, entiendan y amen la grandeza de nuestro Dios, y cumplan sus mandatos como hijos. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: "Venir a Jesús", es imitarle, es reproducir su actitud. Cumplir la Voluntad de Dios, es un alimento espiritual.  “VENGAN A MÍ”

Los que están  agotados y arruinados, los que han fracasado ante los demás y ante ustedes, los que sólo portan miseria y tristeza, los que ya no cuentan ni valen nada, los que sólo reciben golpes y olvidos, los últimos, los que ya no son queridos... vengan a mí, que quiero cobijarlos a la sombra de mis alas.

Todos los marginados y humillados, rendidos a cualquier precio y deseo: niños de la calle y de nadie, inmigrantes a la deriva, desempleados al sol, cabizbajos, enfermos y ancianos apartados...  vengan a mí, que soy refugio y libertad,  y recobren su dignidad.

Hambrientos de pan y de justicia, de dignidad y de respeto, de salud y de ternura, de paz y de buenas noticias, de vida y de felicidad... vengan a mí, y sacien su hambre y sed,  sin miedo y sin falsos respetos: ¡Todo lo que soy y tengo es de ustedes!

Todos los que sienten la vida, día a día, como una pesada carga: los rechazados, los perseguidos, los olvidados, los excluidos, los marginados,  los extranjeros, los sin papeles, los que sólo tienen seguro que son pobres, gente sin voz, sin prestigio, sin nombre... vengan a mí, descarguen sus fardos y descansen.


Lectio Divina  tercera semana de Pascua  martes 10 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 7,51-8,1; Salmo 30; Juan 6, 30-35

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

DANOS SIEMPRE DE ESE PAN



1. Hagamos las LECTURAS 
Dijo la gente a Jesús: « ¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."» Jesús les replicó: - «Les aseguro que no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Hemos sido hechos para Dios querámoslo o no. Nuestra verdadera hambre, es hambre de Dios... nuestro único y verdadero alimento es el que viene de Dios.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
La gente que iba detrás de Jesús quería ver cosas extraordinarias para poder creer. Según estas personas, nadie había logrado obrar algo tan maravilloso como lo logró Moisés en el desierto, cuando alimentó al pueblo con maná. Sin embargo, y a pesar de ser algo tan extraordinario según su mentalidad, sus antepasados murieron; es decir que ¿acaso lo verdaderamente maravilloso y extraordinario no sería que el maná los hubiera vuelto inmortales? Pues Jesús corrige el error de sus opositores; no fue Moisés, fue el Padre quien les dio el pan del cielo; sin embargo, no era ése el pan definitivo; por eso “murieron”, el que sí da la vida en verdad es el mismo Jesús. El auditorio no entendió muy bien qué era lo que quería decirles Jesús, pues ellos siguieron con la idea de un milagro que los hiciera inmortales. Por eso, muy a la ligera, le piden: “Señor, danos siempre de ese pan”. Y ése es el momento propicio para Jesús, para revelarse como el pan verdadero: “Yo soy el pan de vida”; pan que no hay que consumirlo como el alimento mágico en el que piensan los oyentes de Jesús, sino un pan que hay que asimilarlo viviéndolo e imitándolo.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
El Evangelio, continuando el discurso de ayer, nos presenta a Jesús como verdadero pan venido de Dios. Ahora bien, nos equivocamos si exigimos signos y portentos para aceptarlo y confiar en Él. Jesús es requerido en el Evangelio por el ansia de signos y prodigios que, en lugar de ser motivo para creer, fascinan y entretienen. ¡Cuánta fe nos rodea en lo cotidiano! ¡Cuánta confianza de la que no somos conscientes en nuestro día a día! Esa es la que es preciso descubrir y alentar a la luz de Aquel que es pan de Vida. Desde su sabiduría y su luz nos llama a confiar en Dios y despegarnos de las ataduras. De no requerir grandes portentos que nos despisten o deslumbren, sino de concedernos unos ojos atentos y una mirada profunda, para convertirnos cada día un poco más a su lógica, para encaminarnos tras sus pasos. En definitiva, para hacer de nuestra existencia una verdadera «eucaristía», (acción de gracias) de suerte que vivamos como ofrenda entregada a Dios y a los demás, saboreando de corazón que lo nuestro no son los grandes espectáculos ni los grandes sacrificios, sino un vivir humilde y confiado que aprende con los años a poner corazón en las miserias de los demás.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
Los cristianos se sustentan en la vida con el verdadero pan del cielo, Cristo mismo, que parte para ellos el pan de su palabra y el pan de sí mismo, porque él es pan “entregado”, que se sacrifica a sí mismo para dar vida. Cristo es la respuesta a nuestras hambres más profundas. Nosotros también habríamos de “hambrearle” a él y decir: “Danos siempre este pan”.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Señor Dios nuestro, Padre generoso: Tú nos has dado a tu Hijo Jesús para vivir de nuevo, con él y como él, su pasión y resurrección. Por medio de Jesús, danos el valor
de ponernos en tus manos en las pruebas de la vida y en la misma muerte, 
para que un día veamos tu gloria y veamos también, sentado a tu derecha,  a tu Hijo Jesucristo,  que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Luchemos por buscarle un sentido a nuestras vidas y por tener hambre de lo bueno, lo bello y lo justo, para que nos encontremos personalmente a Jesús y tengamos: “VIDA VERDADERA”

Aquí estoy, Señor, con hambre y sed de vida. Soñando que me la paso bien, creyendo que sé vivir; consumo febrilmente ligeros placeres, no más golosinas, precarias sensaciones arañadas aquí y allá… Y mi hambre y sed no desaparecen. Esto ya no es vida sino simulacro, una vida sin calidad de vida.

Aquí estoy, Señor, con hambre y sed de vida. Pero acostumbrado a lo light lo auténtico sólo entra con filtros. Demasiado educado para ser blasfemo. Demasiado tradicional para ir más allá de lo legal. Demasiado cauto para saborear triunfos. Demasiado razonable para correr riesgos. Demasiado acomodado para empezar de nuevo… Y mi hambre y sed o desaparecen. Esto ya no es vida sino simulacro, una vida sin calidad de vida.

Aquí estoy, Señor, con hambre y sed de vida. Más sin pedirte mucho, para no desatar tu osadía; amando sólo a sorbos, para no crear lazos; rebajando tu Evangelio, para hacerlo digerible; soñando utopías sin realidades; caminando tras tus huellas sin romper lazos anteriores… Y mi hambre y sed no desaparecen. Esto ya no es vida sino simulacro, una vida sin calidad de vida.

Silba, Señor, tu canción, como buen pastor: que se oiga por lomas u colinas, barrancos y praderas. Despiértanos de esta siesta. Defiéndenos de tanta indolencia. Condúcenos a los pastos de tu tierra. Danos vida verdadera.