martes, 23 de noviembre de 2010

Lectio Divina. Lunes 22 de noviembre.

Lectio Divina lunes 22  de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C-
Lecturas: Apocalipsis 14, 1-3.4b-5; Sal 23; Lucas 21,1-4



Alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: -«Sepan que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD.  El dinero, junto con el consumismo que en él se fundamenta, ha venido a constituir para muchos el reemplazo de la auténtica religión. Desde siempre, y hoy más que nunca, se rinde culto al dios dinero con verdadero ritual de sacrificio al ídolo tirano. Todo se le sacrifica en su altar: trabajo y salud, principios morales, familia y amistad; todo, con tal de triunfar, tener apariencia social, poder de consumo, diversión y goce de la vida.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Jesús descubre la profundidad del gesto sencillo de esta viuda pobre, que da todo lo que tiene y se pone en manos de Dios. Su desprendimiento contrasta con la actitud de los fariseos en Lucas 220, 47: “Estos, que devoran los bienes de las viudas con el pretexto de largas oraciones, tendrán un juicio muy riguroso”. Una sociedad de consumo en un mundo que adora el mito del progreso ilimitado viene, desgraciadamente, a dar cauce legal y favo­recer la tendencia que todos llevamos dentro y transmitimos a niños y jóvenes: tener y gastar. Por eso todo el mundo admira y envidia a los que triunfan, hacen dinero y logran una posición desahogada.

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
Hace años que Mons. Decourtreau compuso su célebre “letanía” de Lo que Jesús nunca dijo. En relación con el pasaje evangélico de hoy, comenta con encantadora simplicidad: “Jesús no dijo: esa vieja que echa unos céntimos en el cepillo del templo es una supersticiosa. Él dijo que aquella viejecita era formidable y que su generosidad merecía ser imitada”.
Teniendo esto en cuenta, percibimos en la observación y la palabra de Jesús una doble llamada: a la interpretación en positivo y a la generosidad hasta dar la vida. Efectivamente Jesús no hizo consideraciones desde una “religión ilustrada” acerca de si
la anciana actuaba con intención correcta o con alguna deformación pseudorreligiosa; él tuvo ojos sencillos e “inocentes”, dispuestos de entrada a captar lo bueno que hay o puede haber en el corazón humano. No era, evidentemente, de aquellos que, tal vez para aliviar reproches de nuestra propia conciencia, tendemos a empañar el correcto comportamientos de los demás o a buscarle el posible lado oscuro.
La segunda lección no es menos interpeladora. La traducción castellana dice que la mujer echó al cepillo “todo lo que tenía para vivir”; el texto original griego en que nos ha llegado el dicho de Jesús es aún más radical: “ella, desde su menesterosidad, ha echado toda su vida”. Se hace constar que estaba necesitada, que tal vez lo suyo no alcanzaba para ella; pero sintió en sus entrañas el dolor por las carencias de otros y se olvidó de las suyas propias. El texto sugiere que la pobre anciana, al dar lo poco que tenía, expuso su vida.
En cierta ocasión alguien planteó a la beata Teresa de Calcuta la cuestión ética de cuánto tenemos que dar para los necesitados, o hasta dónde hemos de estirar nuestra generosidad y desprendimiento; ella respondió sugiriendo una curiosa medida: “hasta donde duela”.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-Alzando los ojos vio a los que depositaban sus ofrendas en el arca del Tesoro.
Los «ojos» de Jesús. Los contemplo.  Observo lo que hacen sus ojos.  Bajo el peristilo del templo, galería de columnas de mármol que adornaban la fachada, había, ante el vestíbulo de la «Tesorería», trece grandes arcas, cuya cubierta formaba un embudo o buzón de amplia ranura. Un sacerdote de servicio se ocupaba de anotar el valor total de la ofrenda y la «intención» que le comunicaba el donante. Jesús lo está observando.

-Vio a los ricos que depositaban sus donativos.
Vio también a una viuda necesitada que echaba unos cuartos.  Dos «lepta»... dos «cuartos»... Las monedas más pequeñas de entonces. Miro el gesto de los «ricos», como Jesús lo miraba. Miro el gesto de la viuda, también, como Jesús. Abre mis ojos, Señor, que sepa «mirar» mejor y en profundidad. Escucho el ruidito, modesto y humilde, de las dos moneditas al caer en el arcón, en medio de las voluminosas ofrendas ya depositadas.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Señor Dios nuestro, Padre generoso: El pueblo sencillo con frecuencia nos avergüenza por su total generosidad y sincera lealtad. Danos, Señor, la gracia de percatarnos de que, como tu Hijo, los verdaderamente pobres de corazón con frecuencia nos muestran quién eres tú: Un Dios que se da a sí mismo. Danos también a nosotros esa clase de lealtad y de amor generoso por medio de Jesucristo nuestro Señor. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: En esta vida agitada que llevamos con tantos tranques, problemas y estrés… sería bueno adoptar la actitud de la viuda del evangelio… ¡Allá va todo! Así podríamos dormir tranquilos como el hombre de esta anécdota…“El árbol de los problemas”
El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja, acababa de finalizar un duro primer día de trabajo.  Su cortadora eléctrica se dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se niega a arrancar. Mientras lo llevaba a su casa, se sentó en silencio.  Una vez que llegamos, me invitó a conocer a su familia.  Mientras nos dirigíamos a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.

Cuando se abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación.  Su bronceada cara estaba plena de sonrisas.  Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.

Posteriormente me acompañó hasta el carro.  Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté acerca de lo que había visto hacer un rato antes.

"Oh, ese es mi árbol de problemas" contestó.

"Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos.  Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa.  Luego en la mañana los recojo otra vez"

"Lo divertido es" dijo sonriendo, "que cuando salgo en la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior."

viernes, 19 de noviembre de 2010

Lectio divina. Viernes 19 de noviembre.

Lectio Divina viernes 19  de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Apocalipsis 10,8-11 Sal 118; Lucas 19, 45-48


      “Mi casa es casa de oración”

Entró Jesús en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: -«Escrito está: "Mi casa es casa de oración"; pero ustedes la han convertido en una "cueva de bandidos."» Todos los días enseñaba en el templo. Los sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
De Isaías 56,7, Jesús toma la frase: “Mi Casa será Casa de oración”.  La frase muestra cuál es la verdadera finalidad del Templo.  Si a ella pueden venir los paganos (como dice la frase completa en Isaías) es porque allí pueden vivir el encuentro con Dios que los puede transformar. De Jeremías 7,11, Jesús toma la frase: “Cueva de bandidos”. Esta vez, en contraste con el ideal, Jesús muestra en qué ha llegado a convertirse el culto a Dios: un área de seguridad (como sucede con los ladrones cuando llegan al área donde saben que ya no los perseguirá la policía). El legítimo comercio para poder realizar los sacrificios estaba acompañado de injusticia. Detrás de todo, como también lo denunció Jeremías, se realizaba un culto sin conversión. El culto era un tranquilizador de conciencias (“¡Estamos seguros!”, Jr 7,10), mientras que al volver a la vida cotidiana se seguía con las mismas actitudes y comportamientos (“robar, matar, adulterar, jurar en falso... seguir a otros dioses”, Jr 7,9).

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
Jesús desmantela todo el tráfico económico, político y religioso presente en el Templo, con el fin de restablecer la función original que tiene la casa de Dios: la oración, el encuentro personal y comunitario con Dios. La función del Templo se orientaba más a la venta de animales para ser ofrecidos en sacrificio y al cambio de monedas, de lo cual se derivó toda clase de abusos y conflictos entre los vendedores y cambistas, obstaculizando así las relaciones entre Dios y el pueblo, especialmente con el pueblo pobre. Jesús purifica el Templo y lo hace lugar para su enseñanza, para expresar con palabras y acciones el verdadero rostro de Dios, oculto hasta el momento por las leyes, los sacrificios y el mercado religioso. Jesús denuncia las injusticias realizadas en nombre de Dios y enseña el verdadero culto que se le debe dar: un culto que tiene como fundamento la misericordia y la justicia.
Muchas veces hemos convertido nuestra fe en un mercado, en el que buscamos los medios más efectivos para agraciar a Dios y satisfacer nuestra propia conciencia, separando la fe de nuestra vida y de la vida de la comunidad, olvidando el servicio y el amor a los más necesitados.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
La vida de Jesús tiene momentos felices de encuentro con los hermanos, de cercanía a los que sufren y a los oprimidos. Jesús cura y sana, devuelve la esperanza, recrea la vida a su alrededor. Pero también, por ser fiel a la voluntad de Dios, se encontrará con decisiones complicadas. Tiene que expulsar a los vendedores del templo y eso le ganará definitivamente el odio de los poderosos. Pero puso su confianza en Dios. Ahí queda su ejemplo. ¿Seremos capaces de seguirle? Te ayudo un poco:
• Tu oración al Señor ¿consiste en una relación sencilla de padre a hijo como fuerza para comunicarte con Dios, o más bien está recubierta de costumbres y prácticas con la pretensión de conseguir su benevolencia?
• Al escuchar la palabra de Jesús, ¿te sientes cogido por su enseñanza como la multitud que estaba pendiente de sus labios? Es decir, ¿prestas la debida atención a la escucha del Evangelio para unirte a Cristo?

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Dios justo y bueno, te pedimos hoy que nos dejemos guiar por tu palabra como lo hizo tu hijo Jesús, asimilando y poniendo en práctica tus enseñanzas. Que estemos pendientes de la palabra de Jesús, para que no caigamos en tentación de reducir tu misterio a un mercado y mucho menos convertirla en una cueva de bandidos. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Si se nos acusa de ser una Iglesia envejecida y poco creativa es que sus miembros estamos así… o más bien nos sentimos y actuamos así… Apliquemos pues este principio a nuestra vida y nuestra Iglesia se verá muy pronto renovada. “Principio del vacío”
Tienes el hábito de juntar objetos inútiles en este momento, creyendo que un día (no sabes cuando) podrás hacer uso de ellos.

Tienes el hábito de juntar dinero sólo para no gastarlo, pues piensas que en el futuro podrá hacer falta.
Tienes el hábito de guardar ropa, juguetes, zapatos, muebles, utensilios domésticos y otras cosas que ya no usa hace bastante tiempo. ...¿Y dentro de ti ?...
Tienes el hábito de guardar lo que sientes, pleitos, resentimientos, tristezas, miedos, desánimos, personas, etc.

¡No hagas eso!
Es anti-prosperidad. Es preciso crear un espacio, un vacío, para que las cosas nuevas lleguen a tu vida
Es preciso eliminar lo que es inútil en ti y en tu vida, para que la prosperidad venga.
Es la fuerza de ese vacío que absorberá y atraerá todo lo que tú deseas.

Mientras estés material o emocionalmente cargado de cosas viejas e inútiles, no habrá espacio abierto para nuevas oportunidades. Los bienes precisan circular... Limpia los cajones, los armarios, tu cuarto, el garaje, de lo que tú no usas más. La actitud de guardar un montón de cosas inútiles amarra tu vida.

No son los objetos guardados que estancan tu vida, sino el significado de la actitud de guardar.

Cuando se guarda, se considera la posibilidad de falta, de carencia. Es creer que mañana podrá faltar y tú no tendrás medios de proveer tus necesidades. Con esa postura, tú está enviando dos mensajes para tu cerebro y para tu vida:

1º... Tú no confías en el mañana
2º... Tú crees que lo nuevo y lo mejor NO son para ti, ya que te alegras con guardar cosas viejas e inútiles.


jueves, 18 de noviembre de 2010

Lectio Divina. Jueves 18 de noviembre.

Lectio Divina jueves 18 de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Apocalipsis 5,1-10; Sal 149; Lucas 19, 41-44



Al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: -«¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD.  Hoy, asistimos a un crecimiento vertiginoso de las ciudades. También presenciamos y participamos de los muchos esfuerzos que las fuerzas vivas de la sociedad y de la iglesia realizan para convertir la ciudad en un lugar vivible. La polución, la violencia, el desempleo y el caos vehicular amenazan con convertir los centros urbanos en lugares de interminables luchas fratricidas. Las comunidades cristianas se deben comprometer desde su contexto concreto a dar soluciones, sugerencias y alternativas que hagan viable la vida urbana.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Hemos venido acompañando a Jesús en su subida a Jerusalén. En este camino, el Maestro ha dado las lecciones más importantes sobre el discipulado, en ellas ha quedado  claro en qué consiste el evangelio. En este camino, ante Jesús, han aparecido los rostros de aquellos que necesitan de salvación: el hombre herido en el camino de Jericó, la mujer encorvada, el hidrópico, el hijo pródigo, el mendigo Lázaro, el rico Zaqueo, el mendigo ciego de Jericó; los pobres, lisiados, cojos y ciegos invitados al banquete. Estos lo han acogido.  Pero en este mismo camino Jesús también ha encontrado rechazo. Pues bien, Jesús ahora llega a Jerusalén y allí  encuentra la mayor resistencia: la de toda una ciudad y la que lo llevará a la muerte. Sin embargo en su oración Jesús no le habla al Padre sino a la ciudad. Su manera de hacerlo y el contenido de sus palabras son toda una enseñanza para nosotros.

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
 “¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz!” Es la primera frase de Jesús en el evangelio de hoy. Pero la podría repetir exactamente igual ante la Jerusalén de hoy. Y ante el edificio de las Naciones Unidas. Y ante cada una de las naciones y ciudades de nuestros días. Porque años y años después no terminamos de comprender que lo que venimos haciendo desde hace miles de años no nos lleva a la paz. La violencia, el odio, la guerra, todos parece que han sido los virus ante los que la humanidad no ha sabido encontrar el antídoto. Hoy abrimos los ojos asustados ante lo que ocurre en algunas naciones de África, por ejemplo. Eso no pasaría en nuestro país, pensamos. Pero se nos olvidan las dos guerras mundiales, la guerra perpetua entre algunos vecinos. O la miseria a que están sometidas millones y millones de personas. 
Jesús nos trae el mensaje que nos puede llevar a la paz. Basta con leer el Evangelio con los ojos del corazón abiertos para darnos cuenta de que la sociedad se construiría de otra forma si partiésemos del hecho básico de que todos somos hermanos, de que no hay mejor forma de vencer el miedo que tender la mano al otro y construir una casa para todos. 
El secreto, el misterio o la clave no es otra que las bienaventuranzas, el mandamiento del amor, la invitación a seguirle y colaborar con él en la construcción del reino, la llamada a reconocer a Dios como padre que nos tiene por hijos y nos ama, la cercanía con los pobres, los enfermos, los oprimidos para poner de manifiesto el amor y la predilección que Dios siente por los más pequeños.
Todos esos son los caminos que nos podrían llevar a la paz y a romper esta espiral de violencia, odio y desamor en la que estamos envueltos. ¿Lo llegaremos a entender algún día?

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
¿Qué resumen podría hacer Jesús de nuestra historia? ¿Tendría que lamentarse porque tampoco nosotros hemos "reconocido el momento de su venida"? ¿O nos alabaría porque le hemos sido fieles? ¿Dejaremos escapar tantas oportunidades como nos pone Dios en nuestro camino, oportunidades que nos traerían la verdadera felicidad? No pensemos tanto en si Jesús lloraría hoy por la situación de nuestro mundo. Pensemos más bien en si cada uno de nosotros le estamos correspondiendo como él quisiera, o le estamos defraudando.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Yahvé, nuestro Dios y nuestro todo… hoy quizás también nos preguntamos si Jesús no lloraría con indignación profética al ver 'nuestra ciudad': nuestro mundo actual y también nuestra Iglesia. Tampoco hoy somos capaces de conocer lo que nos traería la paz y no sabemos discernir el kairós de Dios. Nuestros ojos no están llenos de esas lágrimas proféticas de Jesús. Te pedimos que nos hagas comprender y reconocer tu visita, pero sobre todo que conozcamos qué es lo que nos impide lograr la paz. Así sea.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: ¿Qué conduce a la paz? No tenemos que ser jefes de gobierno para saberlo ni para procurarla… Empecemos a construir la paz en el día a día con: “8 regalos que no cuestan un centavo, para tus amigos”

El regalo de Escuchar - Pero realmente escuchar, sin interrumpir, bostezar, o criticar.  Sólo escuchar
El regalo del Cariño - Ser generoso con besos, abrazos, palmadas en la espalda y apretones de manos.  Estas pequeñas acciones, demuestran el cariño por tu familia y amigos.
El regalo de la Sonrisa - Llena tu vida de imágenes con sonrisas, dibujos, caricaturas  y tu regalo dirá : “Me gusta reír contigo"
El regalo de las notas escritas -  Esto puede ser un simple "gracias por ayudarme", un detalle como este puede ser recordado de por vida y aún cambiarla.
El regalo de un Cumplido - Un simple y sincero "te ves genial de rojo", "has hecho un gran trabajo" o "fue una estupenda comida“, puede hacer especial un día.
El regalo del Favor - Todos los días procura hacer un favor a alguien, no importa que no recibas recompensa.
El regalo de la Soledad - Hay días que no hay nada mejor que estar solo. Sé sensible a aquellos días y da este regalo o solicítalo a los demás.
El regalo de la disposición a la Gratitud - La forma más fácil de hacer sentir bien a la gente, es decirle cosas que no son difíciles de decir como "Hola“, “Por favor” y "Muchas Gracias”.

COLABORA EL PADRE MANUEL VILLAREAL

Lectio Divina. Martes 16 de noviembre.

Lectio Divina martes 16 de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Apocalipsis 3,1-6.14-22; Sal 14; Lucas 19, 1-10



Entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: -«Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa.» Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: -«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador.» Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: -«Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más.» Jesús le contestó: -«Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido.»

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
• Lucas 19,1-2: "Había un hombre llamado Zaqueo, muy rico, jefe de los publicanos". Publicano era la persona que cobraba el impuesto público sobre la circulación de la mercancía. Zaqueo era el jefe de los publicanos de la ciudad.
• Lucas 19,3-4: Siendo pequeño, corre hacia delante, sube a un árbol, y espera para ver a Jesús que pasa. ¡Tiene enormes ganas de ver a Jesús!
• Lucas 19,5-7: Al llegar cerca y viendo a Zaqueo sobre un árbol, Jesús no pregunta ni exige nada. Apenas responde al deseo del hombre y dice: "Zaqueo, ¡baja pronto! Porque conviene que hoy me quede yo en tu casa." Zaqueo baja y recibe a Jesús en su casa, con mucha alegría.
• Lucas 19,8: "Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré cuatro veces más.” Esta es la conversión en Zaqueo por la acogida de parte de Jesús. Devolver cuatro veces lo que la ley mandaba en algunos casos (Ex 21,37; 22,3).
• Lucas 19,9-10: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán" La interpretación de la Ley por la Tradición antigua excluía a los publicanos de la raza de Abrahán. Jesús dice que vino a buscar y a salvar a lo que estaba perdido. El Reino es para todos.
• Hijo de Abrahán: "Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abrahán!" A través de la descendencia de Abrahán, todas las naciones de la tierra serán bendecida (Gén 12,3; 22,18). Para las comunidades de Lucas, formadas por los cristianos de origen judaica como de origen pagana, la afirmación de Jesús llamando a Zaqueo “hijo de Abrahán” era muy importante. En ella encontraban la confirmación de que, en Jesús, Dios estaba cumpliendo las promesas hechas a Abrahán, dirigidas a todas las naciones, tanto a los judíos como a los gentiles

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
Zaqueo no era como los de la iglesia de Laodicea, de los que el autor del Apocalipsis escribe que no eran ni fríos ni calientes. (Apoc 3, 15-17 - Conozco tus obras, y no eres frío ni caliente. Ojalá fueras frío o caliente, pero como estás tibio y no eres frío ni caliente, voy a escupirte de mi boca. Tú dices: 'Soy rico, tengo reservas y nada me falta'. Aunque no lo sepas, eres desventurado y miserable, pobre, ciego y desnudo.) Hay algo que inquieta a Zaqueo, aunque probablemente ni él mismo sabía lo que era. Algo por dentro le decía que su vida no iba bien. Había ganado mucho dinero pero se había ganado de paso el odio de sus conciudadanos. No tenía problemas económicos pero estaba más solo que nadie. Quizá se estaba comenzando a dar cuenta de que las mejores cosas de la vida no se consiguen con dinero ni con poder. Porque lo mejor de la vida es el cariño, los amigos, la relación con los hermanos, la familia... Y generalmente el dinero destruye esas cosas. Si alguno piensa lo contrario, basta con que recuerde algunas de las familias que todos conocemos a las que el reparto de una herencia ha supuesto la división y el conflicto insuperables. 
Lo malo es cuando no tenemos ninguna inquietud, cuando el dinero ha funcionado como un somnífero que nos deja adormecidos, que nos cierra los ojos y los oídos y nos impide ver la realidad que nos rodea. A veces el dinero es tanto que permite construir materialmente altos muros que impiden ver el mundo de miseria y desamor que existe a veces a la vuelta de la esquina. 
Pero Zaqueo sentía esa inquietud. Por eso, salió de su casa. Le dio lo mismo que sus vecinos le mirasen con el rencor y el odio propios de quienes se habían sentido ultrajados y robados por aquel que era un sicario de los romanos, el que se encargaba de cobrarles los impuestos que eran el signo del dominio y la opresión del imperio sobre ellos. Y, como era bajito, se subió a un árbol. Desde lo alto podría ver mejor. Y, además, estaba separado de aquella multitud con la que no se sentía bien. Buscaba algo pero no sabía qué.
Y Jesús pasa por allí y se fija en él. Le dice dos cosas. La primera es que baje del árbol. Su sitio está con sus hermanos. No hay que separarse. No hay que considerarse superior. Hay que bajar en todos los sentidos. A la altura de los demás. Y lo segundo es que Jesús se quiere alojar en su casa. A partir de ahí puede suceder de todo. Dependió de la apertura de corazón de Zaqueo. Por lo que dice el Evangelio, la visita no fue en vano. Volvió a ser hijo de Abrahán y resarció a todos los que había robado. La humanidad perdió un opresor y ganó un hermano. ¿No es eso el reino?

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
Jesús llamó a la puerta de Zaqueo y él oyó-subió-abrió, con el esfuerzo que supone querer oír, alzarse y abrir. Jesús entró y comieron juntos. Y la salvación iluminó la casa de un pecador que deseaba oír-ver, quería levantarse y anhelaba abrir la puerta. La salvación entró en casa de alguien que, sabiéndose necesitado de ella, aguzó el oído. La necesidad siempre espabila el sentido de aquello que más se necesita. Por eso creo que es bueno que nos reconozcamos necesitados, de cuando en cuando. Que repasemos nuestra lista de carencias. Que nos demos cuenta de ellas. Que las coloquemos por orden de importancia. Que descubramos si nos sentimos pecadores con oído fino, para abrir la puerta al Espíritu, dejar que Jesús coma con nosotros y recibir la salvación en nuestra casa. Amigos, amigas, que no seamos consumidores inconscientes de salvación, como si fuera un bien perecedero de fácil almacenaje. Él sigue a la puerta llamando... ¿O ya está dentro?

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Cuántas veces, Señor, me diriges tu mirada y yo no me doy cuenta. Me lamento y protesto porque no escuchas mis oraciones; sin embargo, soy yo el incapaz de levantarme por encima de mi pequeña estatura para intentar verte. Señor, concédeme la sencillez de corazón de Zaqueo. Pierdo mi vida corriendo detrás de muchas cosas que me distraen, presto oído a las lisonjas del mundo y a las murmuraciones de los holgazanes, tengo miedo de exponerme al juicio de la gente... Señor, hazme comprender lo que quieres de mí, qué es lo verdaderamente importante. Hazme comprender que la vida tiene sentido y nos da alegría sólo si correspondemos a tu voluntad. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Muy tranquilos en casa o en la calle pretendiendo que todo marcha bien en nuestras vidas… Oímos, vemos y entendemos sólo lo que nos dicen que debamos oír, ver y entender… Y mientras tanto en cada puerta está tocando Jesús para decirnos: Baja que hoy quiero hospedarme en tu casa… TE CREÍA UN CAPRICHO MÁS
Te creía un Dios cualquiera de esos que salen al mercado, crean impacto, conquistan a la gente y, en poco tiempo, quedan olvidados.
Te creía un payaso cansado  que se contenta con alegrar a niños y simples, y que ofrece oasis de fiesta  porque la vida de cada día  sigue siendo triste e injusta.
Te creía poca cosa... No daba importancia a tu palabra  ni a tu compañía. Eras la visita de cumplido  para después del compromiso. Eras el postre de una buena comida, el complemento sentimental  de la razón y de la ciencia...
¡Te creía un capricho más! Pero eres un Dios de vida e ilusiones.  No es inofensivo acercarse a ti. No es una cortesía inocente dejarte entrar, abrirte la puerta, enseñarte la casa y darte asiento en el salón.
¡Huésped inquieto y peligroso, tierno y burlón, inteligente y eficaz! Zaqueo firmó un cheque en blanco.
Yo te creo, Dios. Te creo capaz de dar la vuelta a la cabeza,  al corazón y a la vida, a todas las vidas de todas las personas. Capaz de reformar todos los planes  desviar todas las rutas; de abrir nuevos caminos; de ofrecer horizontes inéditos.
Yo te creo capaz de fijarte en quien está en la higuera;  de invitarte a comer por sorpresa; de hospedarte en casa de un pecador; de repetir, hoy, la historia.
No te hagas rogar. Mírame como Tú sabes, e invítate a comer en mi casa.

COLABORA EL PADRE MANUEL VILLAREAL

Lectio divina. Miércoles 17 de noviembre.

Lectio Divina Miércoles 17 de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Apocalipsis 4,1-4; 150 Lucas 19, 11-28.

Jesús dijo una parábola; el motivo era que estaba cerca de Jerusalén, y se pensaban que el reino de Dios iba a despuntar de un momento a otro. Dijo, pues: -«Un hombre noble se marchó a un país lejano para conseguirse el título de rey, y volver después. Llamó a diez empleados suyos y les repartió diez onzas de oro, diciéndoles: "Negocien mientras vuelvo." Sus conciudadanos, que lo aborrecían, enviaron tras él una embajada para informar: "No queremos que él sea nuestro rey." Cuando volvió con el título real, mandó llamar a los empleados a quienes había dado el dinero, para enterarse de lo que había ganado cada uno. El primero se presentó y dijo: "Señor, tu onza ha producido diez." Él le contestó: "Muy bien, eres un empleado cumplidor; como has sido fiel en una minucia, tendrás autoridad sobre diez ciudades." El segundo llegó y dijo: "Tu onza, señor, ha producido cinco." A ése le dijo también:"Pues toma tú el mando de cinco ciudades." El otro llegó y dijo: "Señor, aquí está tu onza; la he tenido guardada en el pañuelo; te tenía miedo, porque eres hombre exigente, que reclamas lo que no prestas y siegas lo que no siembras." Él le contestó: "Por tu boca te condeno, empleado holgazán. ¿Conque sabías que soy exigente, que reclamo lo que no presto y siego lo que no siembro? Pues, ¿por qué no pusiste mi dinero en el banco? Al volver yo, lo habría cobrado con los intereses." Entonces dijo a los presentes: "Quítenle a éste la onza y dénsela al que tiene diez." Le replicaron: "Señor, si ya tiene diez onzas." "Les digo: 'Al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene.' Y a esos enemigos míos, que no me querían por rey, tráiganlos acá y degüéllenlo  en mi presencia."» Dicho esto, echó a andar delante de ellos, subiendo hacia Jerusalén.
                                                                                          
2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Esta parábola tiene grandes semejanzas con la de los talentos en Mateo 25, 14-30. Frente a los que confiaban en un mesianismo triunfal e inmediato, y esperaban aún la venida del Señor, Jesús presenta el juicio a que serán sometidos todos los discípulos en su venida final. Es una llamada a trabajar incansablemente por el reino.

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
La vida no nos pertenece. Somos simplemente sus administradores y nos ha sido confiada por un amo exigente, que nos pedirá cuentas de cómo la hemos empleado. Ahora bien, es también un amo liberal y generoso: será él quien nos pague los intereses, quien nos restituya la posesión perpetua de lo que hayamos sido capaces de rendirle al final del depósito. La parábola de las onzas de oro (o la parábola de la responsabilidad) sorprende por la desproporción del trato, un trato que no se corresponde con nuestros criterios de justicia: el amo da al siervo más rico lo que quita al siervo miedoso. ¿Qué es lo que se premia aquí: la iniciativa económica, la eficiencia, la despreocupación?
El siervo holgazán no es castigado por desconocer cómo se opera en la bolsa; es castigado porque no confía en el Señor, le imagina cruel y despiadado y prefiere mantenerse aferrado a su mina: quiere conservar su vida para sí mismo, como si fuera suya, pero por eso la perderá. En cambio, dar la vida, sin temores ni cálculos, generosamente, nos permitirá recibirla como don, para siempre, “en el día de la misericordia".

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
A quien tiene la alegría del Evangelio, a quien tiene la perla preciosa, el tesoro, se le concederá el discernimiento de todos los otros valores, de los valores de las otras religiones, de los valores humanos existentes fuera del cristianismo; se le dará la capacidad de dialogar sin timidez, sin tristeza, sin reticencias, incluso con alegría, precisamente porque conocerá el valor de todas las demás cosas. Al que tiene la alegría del Evangelio se le dará la intuición del sentido de la verdad que puede haber en otras religiones. Por el contrario, al que no tenga se le quitará aun lo poco que tenga. Al que posee poca alegría del Evangelio se le irá de las manos la capacidad de diálogo y se obstinará en la defensa a ultranza de lo poco que posee, se cerrará dentro de sí mismo, entrará en pugna con los demás por temor a perder lo poco que tiene. Este es nuestro drama, el drama de nuestra sociedad. La poca alegría del Evangelio es causa de mezquindad y de tristeza en todos los terrenos de la vida eclesiástica y social, produce corazones encogidos y es causa de absurdas discusiones sobre auténticas nimiedades.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Dios nuestro y de todos… te damos gracias porque podemos escuchar y reflexionar tu palabra día a día… Hoy en especial te escuchamos contarnos una parábola para que aprendamos a ser responsables. Y la contaste “porque estabas cerca de Jerusalén” donde matan a los profetas porque dicen la verdad… Que no nos engañemos… que no hagamos pacto con la mentira… Que sepamos administrar con sabiduría nuestros talentos, poniéndolos a disposición del reino y no guardándolos… Que tengamos tanto que dar que decidas darnos aún más… Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: A veces actuamos como el siervo holgazán: quejándonos y criticando pero sin hacer nada y con los talentos guardados en el pañuelo… En cambio a los siervos trabajadores les dan un semilla y vislumbran el bosque. Hoy se nos invita a decir: AQUÍ ME TIENES
Aquí me tienes, Padre, aprendiendo a vivir en tu casa y dejando que tu mensaje cale. ¡Cuenta conmigo!

No soy mucho, ni valgo mucho, ni tengo mucho. Soy un simple servidor tuyo. Aquí me tienes, Padre.
Quiero aprender a vivir en tu casa. Pero aumenta mi fe, que es bien débil; y mi amor a todos, que sigue siendo torpe; y mi esperanza niña, con tantas promesas…, cuida, corrige y eleva. Aquí me tienes, Padre.
Quiero que tu mensaje me cale, que me ares y siembres en mí tu proyecto de hermandad, tu respeto a los pequeños, tu perdón al ser ofendido, tu servicio siempre gratuito… Aquí me tienes, Padre. Cuenta conmigo,  aunque haya silencios o estallidos, olvidos y guerras secretas.
Creo en la alegría de servir. Creo en la grandeza de la pequeñez. Creo en quien dignifica al otro con su hacer. Creo en la fuerza de la fe, porque es don de balde y sin cargo. Creo en Ti, y creo un poco… en mí.
Aquí me tienes, Padre. Aquí me tienes… para servir tu mensaje y comida en estos lares, como me enseñes, Padre.



lunes, 15 de noviembre de 2010

Lectio Divina. Lunes 15 de noviembre

Lectio Divina lunes 15 de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Apoc 1,1-4; 2,1-5; Salmo 1;  Lucas 18, 35-43



Cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: -«Pasa Jesús Nazareno.» Entonces gritó: -«¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!» Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: -«¡Hijo de David, ten compasión de mi!»  Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?» Él dijo: -«Señor, que vea otra vez.» Jesús le contestó: -«Recobra la vista, tu fe te ha curado.» En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

VEAMOS NUESTRA REALIDAD. En la actualidad nosotros nos hallamos en una situación similar a la del ciego. Estamos atentos a los signos de la realidad pero no la percibimos completamente. Muchas veces nos sentamos a la orilla de camino sin saber qué hacer, aunque reconociéndonos como seres humanos necesitados. La parábola, entonces nos muestra que urgimos, como el ciego, ser curados por Jesús, recuperar nuestra visión de la realidad para poder seguirle. El evangelio nos invita a que clamemos a Jesús para que el nos ayude a ver la realidad y a seguir su camino.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
El tema principal de este relato es la manifestación de Jesús como el Mesías de Israel, el que según Isaías 35, 5 daría la vista a los ciegos (“se despegarán los ojos de los ciegos”). Por eso el ciego se dirige a Jesús con el título mesiánico de Hijo de David, título que formulado en forma diferente (“el rey que viene!) volverá a resonar en la entrada triunfal en Jerusalén. El reino de Dios y su misericordia siguen actuando en la vida de Jesús, sobre todo cuando se encuentra con una fe así, que contrasta con la “ceguera” de los discípulos.

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
El ciego del Evangelio es consciente de su ceguera. Sabe perfectamente que su ceguera le ha colocado al borde del camino. Los demás pasan de un lado para otro, van y vienen. El ciego está fuera de ese río de la vida. Pero es consciente de ello. Sabe que podría vivir una vida mejor. Por eso pregunta a la gente y, cuando se entera de que pasa alguien que le puede ayudar, grita sin temor al ridículo: “¡Ten compasión de mí!” 
Posiblemente uno de nuestros problemas es la ceguera para con nuestros propios problemas. Sencillamente, no somos conscientes, no nos damos cuenta de lo que, a veces, para los demás el obvio, claro, distinto, manifiesto. Parece que somos incapaces de mirarnos al espejo sin poner un filtro delante que nos impide ver nuestra propia realidad, especialmente aquellos aspectos o dimensiones que son menos agradables. 
Hasta cierto punto es comprensible. A nadie le gusta ver la fealdad ni en los demás ni en uno mismo. Pero es la única forma de mejorar. No se trata de mirar sólo a lo negativo. Hay que ver también lo positivo. Hay mucho en nuestras vidas. Somos creación de Dios y Dios todo lo hace bien. Pero también hay partes manifiestamente mejorables. A veces nos hace falta un profeta, para decirnos lo que se ve desde fuera. Sin acritud, sin violencia, con cariño pero invitándonos a trabajar en llegar a nuestra propia plenitud, en volver al amor primero. 
La palabra profética ayuda a la comunidad a darse cuenta de que lo necesitan y de cuáles son sus puntos débiles. De ahí a acercarse a Jesús y, como el ciego, decir “¡Ten compasión de mí!” sólo hay un paso. Luego, viene, siempre, la respuesta de Jesús que devuelve la vista al ciego y le devuelve al camino, a la vida. ¡Ojalá escuchemos nosotros la voz de los profetas que nos llaman a la conversión, a volver al amor primero! luego, Jesús y su gracia harán el resto.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
También nosotros somos como ciegos a la vera del camino. Igual que los apóstoles, no vemos claro... Es necesario que el Señor mismo nos dé unos «ojos nuevos» para llegar a ser capaces de entender el significado de la «subida a Jerusalén». ¡Señor, concédenos la fe... aparta el velo que nos impide ver las cosas como Tú las ves!

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Te lo ruego, Señor, haz que vea. Que vea quién eres, que sepa reconocerte entre la multitud cuando pases mezclado con los desconocidos de los que no me preocupo, cuando te escondas en el mendigo que me importuna o en la persona cansada a la que no quiero ceder el asiento en el bus.Te lo ruego, Señor, haz que reconozca mi debilidad. Que reconozca que tengo necesidad de ti, que sea capaz de invocar tu ayuda y pedirte perdón cuando te escondes en los hermanos a los que he ofendido, en los que me resultan antipáticos, en los rivales a los que tal vez intento enredar en mi propio beneficio. Te lo ruego, Señor, haz que acepte cambiar. Que acepte convertirme, que no pretenda que no tengo necesidad, que siempre acierto en mis convicciones y mis hábitos. Que sea capaz de levantarme del cómodo rincón que me he creado, para seguirte por tu camino, el único que lleva a la vida. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: La sociedad actual va por el borde del camino: pero vamos doblados hacia abajo por el peso de la bolsa (no de dinero sino de deudas) y con anteojeras como las que les ponen a los caballos que nos obligan a mirar solo lo que le conviene a la sociedad de consumo.  Y nos perdemos el paso de Jesús… Aún así el insiste y nos pregunta:  “¿QUÉ QUIERES QUE HAGA POR TI?”

El otro día me encontré con Jesús y me hizo la pregunta: ¿qué quieres que haga por ti? Y me puse a hacer la lista. Pensé en mí, en mis problemas, en cómo viviría más feliz; pensé en los demás, en los que me rodean. Y hasta en los que pasan hambre. Me salió una lista larga de peticiones.
Le di muchas vueltas tratando de priorizar unas u otras, para explicarle a Jesús cuáles eran para mí las más importantes. Y volví donde Él estaba con mi lista.
Pero antes de que empezara a hablar le miré a los ojos y me encontré con su mirada. Y en ella vi todas las respuestas. Y descubrí que para conocer de verdad mis necesidades y deseos no debo buscar en mí, en lo que yo imagino que necesito. Debo buscarle a Él. A través de sus ojos comprendí qué es lo que falta en mi vida, qué es lo que debería hacer, qué es lo que quiero que Él haga por mí.
Y me decidí a contemplarlo. Y en la contemplación Él me va haciendo ver mis fortalezas y debilidades, va haciendo por mí todo lo que necesito, que es iluminar mi vida y darme fuerza para que pueda ser fiel…
No se trata, pues, de hacer una lista de deseos y peticiones más o menos reflexionados, sino de estar con Él, de verlo, de contemplarlo; eso es lo que, en realidad, pedía el ciego del Evangelio. “Señor, que te pueda ver, contemplar”