viernes, 13 de mayo de 2011

Lectio Divina  tercera semana de Pascua  miércoles 11 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 8,1b-8; Salmo 65; Juan 6, 35-40

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

PARA NO PASAR NI HAMBRE NI SED


1. Hagamos las LECTURAS 
Dijo Jesús a la gente: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como les he dicho, me han visto y no creen. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Hoy nos toca a nosotros estar firmemente convencidos de que en nuestro seguimiento a Jesús vamos encontrando el camino de nuestra autorrealización como personas; que nuestra vida tiene en verdad sentido, porque precisamente vamos detrás de la Verdad misma que es Jesús, el único que da vida abundante y eterna.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Jesús recalca la incredulidad de sus oyentes. Acaba de proclamar que él es el pan de la vida, pero, aunque le ven a él en persona, no le creen. Sin embargo, Jesús es consciente de que la actitud incrédula de sus oyentes no podrá frustrar los planes de Dios. Así tampoco quedará obstruido el camino del Evangelio por el hecho de que muchos no crean en Jesús. A pesar de los múltiples obstáculos, resistencia y rechazos a Jesús y a su propuesta de vida, siempre habrá quien se deje tocar por su palabra y sus acciones; siempre habrá corazones dispuestos y mentes abiertas a aceptar su proyecto como vía de realización personal y comunitaria. Éstos que creen ahora, y los que en el futuro lleguen a creer, tienen la garantía de que en Jesús tienen la vida eterna.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?

Tratemos de responder en oración estas preguntas:

1.      ¿De qué tengo hambre? y

2.      ¿Qué hago para saciar esa hambre?

Una pista orientativa: No sólo hay hambre de cosas materiales (las necesidades básicas del alimento, el vestido, la casa, el status profesional, etc.), también hay otras “hambres”, como por ejemplo:

(a) Hay hambre de la verdad (y no olvidemos que sólo en Jesús se encuentra la verdad de Dios);

(b) Hay hambre de vida (y no olvidemos que sólo en Jesús encontramos vida en abundancia);

(c) Hay hambre de amor (sólo en Jesús se encuentra el amor que supera las heridas del pecado y la separación final de la muerte).

Sólo Jesús puede satisfacer esa hambre más profunda que nos mantiene constantemente insatisfechos.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-El que viene a mí ya no tendrá más hambre. Quien cree en mí, jamás tendrá sed.
El paralelismo de las dos frases permite aclarar la una por la otra. El que "viene a Jesús", el que "cree en Jesús" no necesita ir a otra parte para saciarse... ¡ya no tiene más hambre ni sed! Jesús, fuente de equilibrio y de gozo, fuente de sosiego: la mayoría de nuestras tristezas y de nuestros desequilibrios vienen de no saber apoyarnos realmente sobre la roca de la Palabra substancial del Padre que es Jesús.

"Creer" y "venir a Jesús", son presentados aquí como equivalentes: con ello se pone en evidencia el hecho que la fe es una "actitud vital de adhesión a la persona de Cristo", más que ser el "asentimiento intelectual a una suma de verdades dogmáticas abstractas" -si bien una no excluye a la otra.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
¡Padre! Haz que todos los que nos vean  aprendan a mirar al Hijo, y, viendo al Hijo, entiendan y amen la grandeza de nuestro Dios, y cumplan sus mandatos como hijos. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: "Venir a Jesús", es imitarle, es reproducir su actitud. Cumplir la Voluntad de Dios, es un alimento espiritual.  “VENGAN A MÍ”

Los que están  agotados y arruinados, los que han fracasado ante los demás y ante ustedes, los que sólo portan miseria y tristeza, los que ya no cuentan ni valen nada, los que sólo reciben golpes y olvidos, los últimos, los que ya no son queridos... vengan a mí, que quiero cobijarlos a la sombra de mis alas.

Todos los marginados y humillados, rendidos a cualquier precio y deseo: niños de la calle y de nadie, inmigrantes a la deriva, desempleados al sol, cabizbajos, enfermos y ancianos apartados...  vengan a mí, que soy refugio y libertad,  y recobren su dignidad.

Hambrientos de pan y de justicia, de dignidad y de respeto, de salud y de ternura, de paz y de buenas noticias, de vida y de felicidad... vengan a mí, y sacien su hambre y sed,  sin miedo y sin falsos respetos: ¡Todo lo que soy y tengo es de ustedes!

Todos los que sienten la vida, día a día, como una pesada carga: los rechazados, los perseguidos, los olvidados, los excluidos, los marginados,  los extranjeros, los sin papeles, los que sólo tienen seguro que son pobres, gente sin voz, sin prestigio, sin nombre... vengan a mí, descarguen sus fardos y descansen.


Lectio Divina  tercera semana de Pascua  martes 10 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 7,51-8,1; Salmo 30; Juan 6, 30-35

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

DANOS SIEMPRE DE ESE PAN



1. Hagamos las LECTURAS 
Dijo la gente a Jesús: « ¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."» Jesús les replicó: - «Les aseguro que no fue Moisés quien les dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: - «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Hemos sido hechos para Dios querámoslo o no. Nuestra verdadera hambre, es hambre de Dios... nuestro único y verdadero alimento es el que viene de Dios.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
La gente que iba detrás de Jesús quería ver cosas extraordinarias para poder creer. Según estas personas, nadie había logrado obrar algo tan maravilloso como lo logró Moisés en el desierto, cuando alimentó al pueblo con maná. Sin embargo, y a pesar de ser algo tan extraordinario según su mentalidad, sus antepasados murieron; es decir que ¿acaso lo verdaderamente maravilloso y extraordinario no sería que el maná los hubiera vuelto inmortales? Pues Jesús corrige el error de sus opositores; no fue Moisés, fue el Padre quien les dio el pan del cielo; sin embargo, no era ése el pan definitivo; por eso “murieron”, el que sí da la vida en verdad es el mismo Jesús. El auditorio no entendió muy bien qué era lo que quería decirles Jesús, pues ellos siguieron con la idea de un milagro que los hiciera inmortales. Por eso, muy a la ligera, le piden: “Señor, danos siempre de ese pan”. Y ése es el momento propicio para Jesús, para revelarse como el pan verdadero: “Yo soy el pan de vida”; pan que no hay que consumirlo como el alimento mágico en el que piensan los oyentes de Jesús, sino un pan que hay que asimilarlo viviéndolo e imitándolo.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
El Evangelio, continuando el discurso de ayer, nos presenta a Jesús como verdadero pan venido de Dios. Ahora bien, nos equivocamos si exigimos signos y portentos para aceptarlo y confiar en Él. Jesús es requerido en el Evangelio por el ansia de signos y prodigios que, en lugar de ser motivo para creer, fascinan y entretienen. ¡Cuánta fe nos rodea en lo cotidiano! ¡Cuánta confianza de la que no somos conscientes en nuestro día a día! Esa es la que es preciso descubrir y alentar a la luz de Aquel que es pan de Vida. Desde su sabiduría y su luz nos llama a confiar en Dios y despegarnos de las ataduras. De no requerir grandes portentos que nos despisten o deslumbren, sino de concedernos unos ojos atentos y una mirada profunda, para convertirnos cada día un poco más a su lógica, para encaminarnos tras sus pasos. En definitiva, para hacer de nuestra existencia una verdadera «eucaristía», (acción de gracias) de suerte que vivamos como ofrenda entregada a Dios y a los demás, saboreando de corazón que lo nuestro no son los grandes espectáculos ni los grandes sacrificios, sino un vivir humilde y confiado que aprende con los años a poner corazón en las miserias de los demás.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
Los cristianos se sustentan en la vida con el verdadero pan del cielo, Cristo mismo, que parte para ellos el pan de su palabra y el pan de sí mismo, porque él es pan “entregado”, que se sacrifica a sí mismo para dar vida. Cristo es la respuesta a nuestras hambres más profundas. Nosotros también habríamos de “hambrearle” a él y decir: “Danos siempre este pan”.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Señor Dios nuestro, Padre generoso: Tú nos has dado a tu Hijo Jesús para vivir de nuevo, con él y como él, su pasión y resurrección. Por medio de Jesús, danos el valor
de ponernos en tus manos en las pruebas de la vida y en la misma muerte, 
para que un día veamos tu gloria y veamos también, sentado a tu derecha,  a tu Hijo Jesucristo,  que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Luchemos por buscarle un sentido a nuestras vidas y por tener hambre de lo bueno, lo bello y lo justo, para que nos encontremos personalmente a Jesús y tengamos: “VIDA VERDADERA”

Aquí estoy, Señor, con hambre y sed de vida. Soñando que me la paso bien, creyendo que sé vivir; consumo febrilmente ligeros placeres, no más golosinas, precarias sensaciones arañadas aquí y allá… Y mi hambre y sed no desaparecen. Esto ya no es vida sino simulacro, una vida sin calidad de vida.

Aquí estoy, Señor, con hambre y sed de vida. Pero acostumbrado a lo light lo auténtico sólo entra con filtros. Demasiado educado para ser blasfemo. Demasiado tradicional para ir más allá de lo legal. Demasiado cauto para saborear triunfos. Demasiado razonable para correr riesgos. Demasiado acomodado para empezar de nuevo… Y mi hambre y sed o desaparecen. Esto ya no es vida sino simulacro, una vida sin calidad de vida.

Aquí estoy, Señor, con hambre y sed de vida. Más sin pedirte mucho, para no desatar tu osadía; amando sólo a sorbos, para no crear lazos; rebajando tu Evangelio, para hacerlo digerible; soñando utopías sin realidades; caminando tras tus huellas sin romper lazos anteriores… Y mi hambre y sed no desaparecen. Esto ya no es vida sino simulacro, una vida sin calidad de vida.

Silba, Señor, tu canción, como buen pastor: que se oiga por lomas u colinas, barrancos y praderas. Despiértanos de esta siesta. Defiéndenos de tanta indolencia. Condúcenos a los pastos de tu tierra. Danos vida verdadera.

lunes, 9 de mayo de 2011

Lectio Divina  tercera semana de Pascua lunes 9 de mayo 2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 6,8-15; Salmo118; Juan 6, 22-29

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA


¿Y QUÉ OBRAS TENEMOS QUE HACER?



1. Hagamos las LECTURAS 
Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del lago notó que allí no había habido más que una lancha y que Jesús no había embarcado con sus discípulos, sino que sus discípulos se habían marchado solos. Entretanto, unas lanchas de Tiberiades llegaron cerca del sitio donde habían comido el pan sobre el que el Señor pronunció la acción de gracias. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»  Jesús les contestó: Se los aseguro, me buscan, no porque han visto signos, sino porque comieron pan hasta saciarse. Trabajen, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que les dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta, que crean en el que él ha enviado.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Creer en Dios Padre y su enviado, significaba no esperarlo todo de Él pasivamente, sino comprometerse en unión con otros a cambiar la propia situación, haciendo experiencias de fraternidad. ¿No es ésta nuestra situación de hoy, y no es ésta la respuesta que también hoy nos daría Jesús? Seguir una religión en la que el interés personal, familiar o grupal sea la norma, es escoger el camino del paternalismo, que siempre termina cobrando su tributo. La dependencia en cualquiera de los órdenes -económico, político, social o religioso- impide crecer y enferma el alma de un pueblo. Sólo una religión que eduque en el compromiso personal hace personas libres.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Ni los discípulos ni la gente entendieron muy bien el signo de la multiplicación del pan, lo cual quedó reflejado en la escena del lago; y, como nadie entendió, la reacción inmediata es proclamar a Jesús como el profeta escatológico, “el que había de venir a este mundo”, o, en el peor de los casos, proclamarlo como rey. Ése no es el plan de Jesús, y Juan lo advierte muy bien a la comunidad que él anima.
El seguimiento de Jesús no es para buscar en él la respuesta a las necesidades materiales. Se busca a Jesús para ver -ver y entender- sus signos y para dejar que sus palabras penetren el corazón y lo dispongan para comenzar a generar un modelo de hombre y de mujer renovados, conscientes de la necesidad de transformar la realidad en que se vive. No es que Jesús esté en desacuerdo sobre la necesidad de luchar por lo material, sino que eso que llamamos material no puede reducir al ser humano exclusivamente a la lucha por la subsistencia material; como persona, tiene que aspirar a su realización aquí y ahora.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
Ciertas expresiones de Jesús pueden sorprendernos, por ejemplo, el trabajo de creer. ¿Es trabajoso creer? Pensémoslo bien. Creer en Cristo tiene su parte de esfuerzo venturoso,  audacia, riesgo,  aventura. Nos jugamos mucho en ella. En ese sentido es ‘trabajo’ duro. Ponerse en manos de Dios, más allá de lo que perciben la razón y nuestros sentidos, tiene su parte de aventura, que algunos llaman ‘sinrazón’.
Pero creer en Dios es también algo admirable, sorprendente, arriesgado, y delicioso. Es como ver luz en medio de la niebla. Ahí está su valor.  Por eso, “creer en Cristo, el enviado del Padre”, además de ser trabajo que “agrada a Dios”, es también un inmenso don, don  de Dios a quienes le buscan sinceramente.  Si nosotros lo hemos recibido ya, démosle gracias. Si no, abrámosle las puertas de nuestro corazón. Recordémoslo: este es el trabajo que Dios quiere: que crean en el que Él ha enviado.
Evangelio sostiene dos puntos especialmente importantes: es preciso buscar a Jesús cada día y preguntarnos cómo llevar a cabo lo que Dios quiere de nosotros. Necesitamos buscar a Jesús donde Él está, porque no basta con sabernos todo de carrerita; muchas veces, o cruzamos a la orilla de Jesús buscándole con tiempo, confianza y esfuerzo o nos quedamos sin el alimento de vida, consuelo y fortaleza que Él nos puede dar. Y es preciso preguntarnos —y preguntarle— cada día cómo ocuparnos de los trabajos que Dios quiere. Para Jesús es clara la respuesta: creer en Él. Creernos que no actúa porque sí, sino como enviado y testigo del Padre. Creernos de verdad la Buena Noticia como lo que es: una novedad buena, anhelada, humanizadora. Confiar en Él y confiarnos a Él cada día. He aquí la mayor obra que está en nuestra mano. Esta lógica fue la que descubrió Esteban en Jesús e hizo suya, la lógica de la eucaristía, que no nos alimenta en vano.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
Jesús nos confronta hoy con esta pregunta: “¿Por qué me están buscando ustedes?”  ¿Por qué buscamos a Dios, a Jesús? ¿Es solamente por los dones que él nos da? Cierto que recibimos mucho de Dios,  pero ¿buscamos a Jesús mismo, por lo que él significa para nuestras vidas? Esforcémonos por acercarnos más a él y llegar a ser más como él. Él nos pide fe en su persona y en su misión.

.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Oh Dios de la vida: Anhelamos ardientemente la vida y felicidad  eternas y la realización de todas nuestras esperanzas.  Sacia todas nuestras hambres por medio de Jesucristo tu Hijo, que es nuestro pan de vida. Y cuando él nos haya llenado de sí mismo,  que nos guíe también y nos dé fuerza  para poder llevar a un mundo que espera  el alimento de reconciliación y alegría  que solamente tú puedes dar en plenitud. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.  
Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: “Trabajen no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura y da vida”, nos dice Jesús.  En la vida, pues,  busquemos al Señor y las cosas de valor eterno. “ES LA HORA DE LA VIDA NUEVA”

Es hora de entrar en la noche sin miedo, de atravesar ciudades y pueblos, de quemar lo viejo y comprar vino nuevo, de quedarse en el corazón del mundo, de creer en medio de la oscuridad y los truenos. ¡Es la hora de la vida nueva! Es hora de levantarse del sueño, de salir al balcón de la vida, de mirar los rincones y el horizonte, de asomarse al infinito aunque nos dé vértigo, de anunciar, cantar y proclamar. ¡Es la hora de la vida nueva!

Es hora de romper los esquemas de siempre, de escuchar las palabras del silencio, de cerrar los ojos para ver mejor, de gustar su presencia callada, de andar por los desiertos. ¡Es la hora de la vida nueva!

Es la hora de confesar la vida, de hablar poco y vivir mucho, de arriesgarlo todo apostando por Él, de sentarse a la mesa y calentar el corazón, de esperar contra toda esperanza. ¡Es la hora de la vida nueva!

¡Es Pascua, el paso de Dios por nuestro mundo lavando las heridas, sembrando esperanza, levantando la vida, llenando de semillas nuestras alforjas vacías!

jueves, 5 de mayo de 2011

Lectio Divina  segunda semana de Pascua jueves 5 de mayo2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 5,27-33; Salmo 33; Juan 3,31-36


PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA
EL QUE VIENE DE LO ALTO


1. Hagamos las LECTURAS 
El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él.

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Somos de la tierra y hablamos cosas de la tierra y oímos y hablamos muchas cosas. Pero sólo esta es veraz:
- Jesús ha venido del cielo, es el enviado de Dios, nos trae sus palabras, que son la verdadera sabiduría y las que dan sentido a la vida: son la mejor prueba del amor que Dios tiene a su Hijo y a nosotros;
- el que acoge a Jesús y su palabra es el que acierta: tendrá la vida eterna que Dios le está ofreciendo a través de su Hijo; el que no le quiera aceptar, él mismo se excluye de la vida.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
“Dios ha puesto su Palabra en la boca de los hombres para que sea comunicada a otros.  Cuando la Palabra de Dios impacta a una persona, ésta lo comunica a otros. Dios ha querido obligarnos a buscar y encontrar su palabra viva   -hecha vida-  en el testimonio de un hermano o una hermana, en la boca de alguna persona. Por lo tanto, el cristiano necesita de otro cristiano que le transmita la Palabra de Dios” (Dietrich Bonhoeffer, La Vida Juntos). ---  El núcleo de nuestra fe es que le debemos una nueva vida a Jesús, por quien hemos vuelto a nacer. El Espíritu   -que Jesús nos da sin medida-   nos impulsa a dar testimonio del mismo Jesús y de su nueva vida en nosotros.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
Dar testimonio no es exactamente ir por la calle con una banderola que diga “soy cristiano” o con una cinta en la frente que diga “Yo amo a Jesús”. Todo eso puede estar bien en un determinado momento. Pero la verdad es que Jesús no se colocó ninguna ropa distintiva. No tenemos ninguna información de nada parecido. Lo mismo de los apóstoles. Y lo mismo durante muchos siglos de historia del cristianismo. 

Es interesante conocer, por ejemplo, la historia del hábito en la vida religiosa. Lo que empezó siendo una obligación auto-impuesta de vestirse al estilo de los más pobres de la sociedad de su tiempo (benedictinos, franciscanos y tantas otras congregaciones religiosas masculinas y femeninas) se fue convirtiendo en un hábito. Y cuando los pobres fueron cambiando su modo de vestir –no a uno más rico sino simplemente a otro diferente– religiosos y religiosas siguieron apegados a aquellas ropas ya convertidas en “hábito”.

El verdadero testimonio no está en la ropa. Ni siquiera está en la forma de hablar. Hay que recordar la anécdota de Francisco de Asís enviando a dos de sus frailes a evangelizar en tierra de musulmanes y diciéndoles aquello de “Evangelicen siempre y hablen sólo en caso de que sea necesario.” Predicar la buena nueva, dar testimonio de Jesús se hace mucho más con la forma de comportarse, con el estilo de vida que con la palabra. A veces será necesaria la palabra pero siempre habrá que comportarse evangélicamente. Ahí está la clave. 

Los apóstoles se sentían testigos ante el pueblo de todo lo que habían visto y oído y procuraban transmitirlo por todos los medios posibles. ¡No había forma de callarlos! Lo intentaron los jefes del pueblo pero no lo consiguieron. Porque el Espíritu de Jesús hervía en su interior y les era imposible no obedecerlo. Gracias a ese testimonio hoy hemos recibido nosotros el tesoro del Evangelio. 

Hoy somos nosotros los testigos. Gracias a la mediación de los apóstoles y de tantos otros a lo largo de la historia cristiana hemos creído en el testimonio de Jesús que nos habla y comunica el amor del Padre. Hoy somos nosotros los que tenemos que dar testimonio de ese amor. Con nuestra forma de vivir, de relacionarnos, de comprometernos con la justicia, de estar cerca de los pobres y oprimidos, de reconciliar, de perdonar, de acoger a los marginados, será como demos a entender a todos que el amor de Dios está en nuestros corazones.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-El que cree en el Hijo tiene la vida eterna.
El que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios. "Creer"... o "rehusar creer"... tal es el dilema radical.
"Vivir"... o "no vivir"... tal es el resultado. Para Juan, para Jesús el no-creyente voluntario no "vive" está muerto. Es verdad que hoy puede uno preguntarse, si un cierto número de los que se afirman no-creyentes han hecho, realmente, tal opción. El mismo Jesús, en la cruz excusaba a sus verdugos diciendo: "no saben lo que hacen". No es cosa nuestra. Nadie en la tierra tiene derecho de juzgar que un tal es creyente o no-creyente. Pero queda en pie la palabra de Jesús: "el que rehúsa creer no verá la vida". Severa invitación a verificar la cualidad de mi propia Fe. La Fe no es una cosa ya hecha. ¿Va creciendo mi Fe?

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Señor Dios nuestro: Tu Hijo Jesucristo procedió de ti y dio testimonio de las cosas  que había visto y oído.  Él no podía sino dar testimonio de ti. Te pedimos que nos des el Espíritu de tu Hijo para que sepamos vivir tu palabra y proclamarla, para que mostremos a Jesús, tu Palabra Viva, a los que todavía no le han visto ni oído. Te pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación “Quien cree en el Hijo del Hombre, tiene vida eterna”, dice Jesús.  Sí, creemos en él, pero creemos con una fe activa, una fe que traduce nuestras creencias en acción, en vida. Esa es una manera profunda de dar testimonio de Cristo.  “PON TUS MANOS SOBRE MÍ”
Pon tus manos sobre mí, Jesús, tus manos humanas, curtidas y traspasadas: comunícame tu fuerza y energía, tu anhelo y tu ternura, tu capacidad de servicio y entrega.

Pon tus manos sobre mí, Jesús, y abre en mi ser y vida surcos claros y ventanas ciertas para el Espíritu que vivifica: líbrame del miedo y de la tristeza, de la mediocridad y de la pereza.

Pon tus manos sobre las mías, Jesús, que están sucias y perdidas; dales ese toque de gracia que necesitan: traspásalas, aunque se resistan, hasta que sepan dar y gastarse y hacerse reflejo claro de las tuyas.

Déjame poner mis manos en la tuyas y sentir que somos hermanos, con heridas y llagas vivas y con manos libres, fuertes y tiernas, que abrazan.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Lectio Divina  segunda semana de Pascua, miércoles 4 de mayo2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 5,17-26; Salmo 33; Juan 3,16-21

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

PARA SALVAR, NO PARA CONDENAR



1. Hagamos las LECTURAS 
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – ¡Qué lejos estamos del Reino de Dios! Nuestra práctica común es juzgar, condenar y no perdonar… En cambio Dios es amor para todos incondicionalmente no importa qué hayamos hecho. Lo de Dios es salvar siempre y en todo lugar. Nosotros le ponemos límite al perdón y al amor… es más hasta fijamos tiempos y lugares para perdonar o sea para salvar.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Si el sentirnos mirados con amor por otro nos alegra, nos abre, nos esponja y nos hace felices, ¿qué decir si ese otro es Dios? Somos alguien para él. ¿Por qué? Por puro don suyo, por el gran amor que nos tiene gratuita e inmerecidamente.
Pero el ser yo amado personalmente por Dios no me cierra en un círculo en torno al cual crece el desinterés por los demás. Al contrario, porque Dios ama al mundo y al hombre tal como son, he de sentirme hermanado con ellos. Nuestra fe es vida y luz que se difunden, fuerza positiva que crea optimismo, amor que abre a los demás. "Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor" (Jn 4,8).
Si el mensaje de este día de pascua nos deja fríos e indiferentes, ha sonado la señal de emergencia espiritual: necesitamos una hospitaliza­ción urgente por enajenación del sentido y pérdida total de la consciencia religiosa, que nos impiden captar la sorprendente novedad: la "lo­cura" de un Dios enamorado del hombre.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
La larga conversación con Nicodemo permite a Jesús mostrar también qué pretensiones guarda Dios en su infinito cerebro. Él, positivamente, quiere salvar al hombre, a todo hombre. Pretende solamente eso, nada más que eso. Por ello ha maquetado la vida como historia de salvación, no de condenación. Para conseguirlo hace lo absolutamente imprevisible, lo escandaloso, lo impensable... ¡entrega -y pierde- nada menos que a su Hijo! ¡Cómo es Dios! ¡Ama en serio,... hasta que se le rompe el alma! Como alguien afirmaba: “Si no existiera un Dios así, habría que inventarlo”.

Nosotros, sin embargo... ¡condenamos! Se ha dicho que la mayoría de los creyentes somos propensos a una neurosis típica, la del divorcio entre fe y vida. Decimos creer en un Dios que salva, pero nos especializamos en el viperino arte de juzgar y condenar. Nuestra historia personal y común así lo certifica. Conseguimos con ello algunas rastreras cuotas de poder porque “para hacer el mal cualquiera es poderoso” (Fray Luis de León).

Esto debería provocar en nosotros una decidida toma de conciencia: Dios no condena. Somos nosotros los que lo hacemos. Por tanto, al menos no invoquemos jamás el nombre de Dios sobre nuestras venganzas, enredos, acusaciones y condenas. El jamás aplastó con su dedo acusador. Su oficio es perdonar. No quiere que nadie perezca. La condena no es obra de sus manos.

Porque nos sentimos hijos de un Dios así, se nos impone el tenaz aprendizaje de las reglas del perdón. La manera de proceder de Dios descalifica y anula todo comportamiento que no la secunde. De ahí que debamos tender a:

  • Evitar los prejuicios, que son juicios previos, sin base, estrechos, casi siempre automáticos, precipitados, cargados de envidia y, por todo ello, muy poco certeros. Cuando se eliminan los prejuicios se mejoran sustancialmente las relaciones. Para no juzgar se precisa limpieza de ojos a fin de mirar y ver sin deformar.
  • No dividir a los hombres en buenos y malos. Hacerlo nos convierte en inquisidores. Pretendemos con ello salvar a unos pocos,- nosotros mismos entre ellos- y condenar a otros muchos. El “malo”, a menudo mi enemigo, es sólo una persona equivocada. Para vencer a un enemigo, basta con convertirlo en amigo.
  • Conocer al otro en su verdad. El otro no es una repetición del yo. Es otro, distinto. Para conocerlo hay que hacer el “santo viaje” a su interior. Ya decía Goethe que “no conocemos a los hombres cuando vienen a vernos: tenemos que visitarlos a ellos para averiguar cómo son”. Es imposible la alteridad (condición de ser otro) sin el éxodo del propio yo. Tratarlo con la misma medida que me aplico a mí mismo. Somos capaces de justificarlo todo lo nuestro, absolutamente todo. ¡Usemos también ese mismo procedimiento con los demás!

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-Cuando vino la luz al mundo, los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Todo el que obra mal aborrece la luz... Pero el que obra según la verdad viene a la luz.
"Hacer el bien"... "Hacer el mal"... Suele ser de esta manera práctica que se hace la división. Cualquiera que hace el bien aun si no conoce a Cristo -está ya en una cierta comunión con Dios.

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Padre de todos nosotros, gracias por tu desinteresado amor, gracias por que no tomas en cuenta mi pecado sino mi intención última de amar y perdonar. No permitas nunca que intente juzgar y mucho menos condenar a mis hermanos por más graves que crea que hayan sido sus acciones. Haz que desde mi madurez, pueda salvar al hermano con amor, sobre todo a los jóvenes, a quienes no hemos enseñado la dinámica de salvar. Que podamos permanecer en tu amor y en tu luz. Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación:   Lo nuestro no debe ser pretender juzgar sobre el bien y el mal, porque no tenemos todos los elementos de juicio necesarios. Lo nuestro debe ser tratar de comprender “al otro” al máximo y ayudarlo en su salvación. “ACÉPTANOS COMO SOMOS”
No has venido, Señor, para juzgar sino para buscar lo que estaba perdido, para abrazar con ternura lo que estaba enfermo y frío, para liberar de culpas y temores lo que estaba cansado y hundido.

Tú, que sabes que somos de barro, acéptanos tal cual somos: con nuestro pasado de pecado, con el pecado del mundo, con nuestros pecados personales, con nuestra historia llena de ambigüedades…

No renuncies a ser Padre. No nos dejes con nuestros fardos de siempre. Infúndenos tu aliento de vida. Llévanos nuevamente por tus sendas. Sabes que somos de barro. No abandones la obra de tus manos.
Lectio Divina  segunda semana de Pascua, lunes 02 de mayo2011, Ciclo – A- Lecturas: Hechos 4,23-31; Salmo2; Juan 3,1-8

PARA REFLEXIONAR CON LA PALABRA

NACER DEL AGUA Y DEL ESPÍRITU



1. Hagamos las LECTURAS 
Del Libro de los Hechos de los apóstoles 4,23-31
En aquellos días, puestos en libertad, Pedro y Juan volvieron al grupo de los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
Al oírlo, todos juntos invocaron a Dios en voz alta: «Señor, tú hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que contienen; tú inspiraste a tu siervo, nuestro padre David, para que dijera: "¿Por qué se amotinan las naciones, y los pueblos planean un fracaso? Se alían los reyes de la tierra, los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Mesías." Así fue: en esta ciudad se aliaron Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, tu Ungido, para realizar cuanto tu poder y tu voluntad habían determinado. Ahora, Señor, mira cómo nos amenazan, y da a tus siervos valentía para anunciar tu palabra; mientras tu brazo realiza curaciones, signos y prodigios, por el nombre de tu santo siervo Jesús.» Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos, los llenó a todos el Espíritu Santo, y anunciaban con valentía la palabra de Dios.

Del Evangelio según san Juan 3, 1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, jefe judío. Éste fue a ver a Jesús de noche y le dijo: - «Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él.» Jesús le contestó:- «Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios.»  Nicodemo le pregunta: - «¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?» Jesús le contestó: - «Te lo aseguro, el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: "Tienen que nacer de nuevo"; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu.»

VEAMOS NUESTRA REALIDAD – Los cristianos somos personas que tenemos que renacer en Cristo y en el Espíritu. Por lo tanto, somos personas que deberíamos permanecer eternamente jóvenes.  Nuestra fe, ¿es tirmorata o valiente? ¿Nos atrevemos a alzarnos con valentía  y dar la cara por el evangelio, y también a vivir abiertamente nuestra fe?

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Nicodemo, el intelectual sincero pero cauto, tiene cita con Jesús de noche.  Tiene miedo de mostrar abiertamente  que sigue a Jesús. --- Los apóstoles y la comunidad cristiana son perseguidos. También ellos tienen miedo, pero oran pidiendo fortaleza. El Espíritu Santo los hace fuertes y valientes para proclamar a Cristo y para ser signos vivos de la presencia del mismo Cristo en su comunidad.

b. Es posible que tu navegador no permita visualizar esta imagen.¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
Estos días de Pascua celebramos la resurrección de Jesús. Pero también algo más. En torno a la Pascua, en torno a la muerte y resurrección de Jesús, se produce otro acontecimiento enormemente importante: el nacimiento de la iglesia. Los discípulos de Jesús que habían formado grupo en torno a él y que se habían dispersado cuando llegó el momento de la pasión, se vuelven a reunir. Ahora los convoca una experiencia nueva en su vida. No saben muy bien como expresarlo pero sienten, saben, están convencidos, que Jesús está vivo. 

Han sentido su presencia en su Galilea natal, allá donde escucharon por primera vez su voz. No es un fantasma. No da miedo. Más bien les ha hecho sentir lo contrario. Se han sentido vivos, muy vivos. Y han sentido en su corazón el recuerdo vivo de todo lo que pasaron con Jesús. Sus palabras se han hecho nuevas en sus mentes y en sus oídos. Ahora todo tiene sentido. Jesús está vivo. Y ellos ya no son como ovejas perdidas en la noche, asustados y atemorizados, buscando cada uno volver a la seguridad de su pueblo natal.

Se han vuelto a reunir, se han mirado a los ojos unos a otros. Y han visto en los ojos de los otros la confirmación de lo que cada uno ha experimentado: Jesús está vivo. La buena nueva del Reino se convierte ahora en una urgencia como no la habían sentido nunca. Jesús está vivo. Es verdad. Se siente como si hubieran nacido a una nueva vida. No tiene sentido volver a la barca y a las redes, ni a sus antiguas profesiones. Se siente familia en torno a Jesús. Se reúnen para compartir el pan –como hizo Jesús con ellos tantas veces en su vida y sobre todo en aquella última cena que todos recuerdan– y para hacer memoria de sus palabras y de las historias que les contaba. Ahora lo entienden todo mejor.

Así nació la Iglesia. Un grupo de hombres y mujeres sintieron, conocieron, creyeron que Jesús estaba vivo. Y en torno a ese recuerdo y a esa presencia se constituyó la iglesia, la primera comunidad cristiana. 

Es posible que Nicodemo estuviese con ellos. Se acordaría de aquella conversación que tuvo una noche con Jesús. Entonces no entendió lo que significa nacer de nuevo. Ahora era diferente. Como si se le hubiese abierto el entendimiento y el corazón de golpe. Jesús estaba vivo. Sentía la presencia fuerte de su Espíritu. Y sentía que aquel Espíritu era para toda la humanidad. A la vez nació la Iglesia y nació la misión. Fue el primer fruto de la Pascua. 

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
-Lo que nace de la carne, carne es; pero lo que nace del Espíritu, es espíritu.
"Nacido de la carne"... "Nacido del Espíritu..." Dejo resonar en mí esta oposición. Yo sé lo que es la "carne": es la naturaleza humana con sus posibilidades y sus límites... es una maravilla frágil. Adivino lo que es el "Espíritu"... es la potencia divina. Desde mi bautismo, habita en mí el Espíritu de Dios. Yo he "nacido del Espíritu". ¿Pero es realmente verdad que soy "espiritual", que soy "espíritu"? ¿Qué exigencias debería tener esto en mi vida cotidiana?

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Señor Dios nuestro: Nuestra fe es a veces tímida y vacilante, porque tenemos miedo de ser contrariados  o ridiculizados.  Que tu Espíritu nos aliente con fuerza y nos dé un poco al menos de su fortaleza,  para que podamos luchar con valentía por lo que creemos y vivir consistentemente nuestra fe con coherencia. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación:   Todos nosotros hemos renacido por el bautismo. Que nuestras mentes y corazones no envejezcan nunca, sino que permanezcan frescos y activos, sea cual sea nuestra edad. “RECOMENZAR”
·         Perdí un juguete que me acompañó en mi infancia...Pero gané el recuerdo del amor de quien me hizo ese regalo.
·         Perdí mis privilegios y fantasías de niño...Pero gané la oportunidad de crecer y vivir libremente.
·         Perdí a mucha gente que quise y que amo todavía...Pero gané el cariño y el ejemplo de sus vidas.
·         Perdí momentos únicos de la vida porque lloraba en vez de sonreír...Pero descubrí que es sembrando amor, como se cosecha amor.
·         Yo perdí muchas veces y muchas cosas en mi vida. Pero junto a ese “perder” hoy intento el valor de  “ganar“. Porque siempre es posible luchar por lo que amamos, y porque siempre hay tiempo para empezar de nuevo.

No importa en qué momento de la vida te cansaste. Lo que importa es que siempre es posible y necesario recomenzar.
·         Recomenzar es darse una nueva oportunidad, es renovar las esperanzas en la vida y lo más importante, creer en ti mismo.  ¿Sufriste mucho en este periodo? ... Fue aprendizaje. ¿Lloraste mucho? ... Fue limpieza en el alma. ¿Sentiste rencor? ..... Fue para poder perdonar. ¿Estuviste solitario en algunos momentos? ... Fue porque cerraste la puerta. ¿Creíste que todo se había perdido? ... Fue simplemente el inicio de tu mejora. ¿Te sientes solitario? Mira alrededor y encontrarás a mucha gente esperando tu sonrisa para acercarse más a ti.
·         Recomenzar. Hoy es un excelente día para comenzar con un nuevo proyecto de vida. ¿Donde quieres llegar? Mira alto, sueña alto, anhela lo mejor de lo mejor, anhela todo lo bueno, pues la vida nos trae lo que anhelamos.

Si pensamos pequeño; lo pequeño nos vendrá. Si pensamos firmemente en lo mejor, en lo positivo y luchamos por alcanzarlo; lo mejor va a venir a nuestra vida.

Hoy es el día de la gran limpieza mental. Tira todo lo que te encadena al pasado que te hace daño. Arroja todo a la basura, limpia tu corazón, haz que esté listo para una nueva vida, y para un nuevo amor si te encuentras solo; pues somos apasionados, somos capaces de amar muchas veces, porque somos la manifestación del amor.

La vida te llama, te invita a una nueva aventura, a un nuevo viaje, a un nuevo desafío. Proponte en este día a ti mismo que harás todo lo posible para alcanzar tus objetivos. Confía en la vida, confía en ti.