viernes, 5 de noviembre de 2010

Lectio Divina. Viernes 5 de noviembre.

Lectio Divina viernes 05  de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Filp 3, 17-4,1; Salmo 121;  Lucas 16,1-8



Decía también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda. Le llamó y le dijo: `¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no seguirás en el cargo.' Se dijo entre sí el administrador: `¿Qué haré ahora que mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea destituido del cargo me reciban en sus casas. '«Y llamando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: `¿Cuánto debes a mi señor?' Respondió: `Cien medidas de aceite.' Él le dijo: `Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.' Después dijo a otro: `Tú, ¿cuánto debes?' Contestó: `Cien cargas de trigo.' Dícele: `Toma tu recibo y escribe ochenta.'«El señor alabó al administrador injusto porque había obrado con sagacidad, pues los hijos de este mundo son más sagaces con los de su clase que los hijos de la luz.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
• Lucas 16,1-2: “Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda. Le llamó y le dijo: ` ¿Qué oigo decir de ti? Dame cuentas de tu administración, porque ya no seguirás en el cargo.'” El ejemplo, sacado del mundo del comercio y del trabajo, habla por sí solo. Alude a la corrupción que existía.
• Lucas 16,3-4: “Se dijo entre sí el administrador: ¿Qué haré ahora que mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza”. Y empieza a reflexionar para descubrir una salida.
• Lucas 16,5-7: “Y llamando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ` ¿Cuánto debes a mi señor?' Respondió: `Cien medidas de aceite.' Él le dijo: `Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.' Después dijo a otro: `Tú, ¿cuánto debes?' Contestó: `Cien cargas de trigo.' Le dijo: `Toma tu recibo y escribe ochenta. ". Dentro de su total falta de ética el administrador fue coherente.
• Lucas 16,8: Y ahora viene la conclusión desconcertante: “El Señor alabó al administrador injusto porque había obrado con sagacidad, pues los hijos de este mundo son más sagaces con los de su clase que los hijos de la luz.”

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
Hermanas y hermanos, Jesús ya no se dirige a los fariseos, como hizo en las parábolas anteriores, sino directamente a sus discípulos y, a través de ellos, a los creyentes de todos los tiempos. La parábola del administrador injusto (Lc 16 1-8) nos puede parecer extraña porque alaba la sagacidad de un hombre deshonesto. Pero en otras parábolas tenemos también personajes que no brillan precisamente por su honestidad: recordemos al juez injusto (Lc 18 18). Por supuesto esta parábola no nos invita a malversar los bienes, sino a ser sagaces, o lo que es lo mismo, a hacernos amigos utilizando los bienes de este mundo para ponerlos al servicio de los más necesitados. Es un tema muy querido por Lucas, que responde probablemente a problemas y necesidades de su comunidad.
 La parábola va seguida de una serie de textos sobre el uso del dinero (Lc 16 9-13) en los que se describe a los hombres como administradores de los bienes temporales. Si sabemos utilizarlos, teniendo en cuenta las exigencias evangélicas, seremos dignos de recibir el verdadero bien cuando nos encontremos definitivamente con el Señor resucitado. El texto termina con una afirmación en la que el verbo servir debe ser interpretado en los dos casos de manera radicalmente diferente. Servir a Dios es una dependencia que nos hace libres para servir a los más necesitados, mientras que servir al dinero es una esclavitud que aplasta a la persona y pervierte nuestras relaciones con Dios y con los demás, como nos describe la parábola del rico y Lázaro (Lc 16 14-18).

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
1.      Hagamos "memoria" de todos los bienes que tenemos: ¿Cómo va nuestra   autoestima hasta el momento del recuento?
·         ¿A qué tienes dedicados esos bienes?, ¿los aprecias, los valoras, los utilizas, los socializas?
·         ¿Quiénes son los beneficiarios de ellos?
·         ¿Están al servicio de la fraternidad?, ¿son generadores del Reino?
 
2.      ¿Utilizas la "sagacidad" para situarte en el contexto comunitario?
·         ¿Extorsionas?, ¿haces fluir el afecto, la relación, el amor o bloqueas?
·         ¿Cómo estás en este mundo?

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios? Con el salmo112
Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor, ahora y por siempre: de la salida del sol hasta su ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre los cielos. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se eleva en su trono y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo; a la estéril le da un puesto en la casa, como madre feliz de hijos.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: Si la sabiduría, el talento y el empuje que con frecuencia usamos en nuestra vida cotidiana lo usásemos para la construcción del Reino, para la evangelización, para llevar socorro a los necesitados, seguramente que nuestro mundo sería mucho muy diferente.

1.      ¿Hemos conseguido algunas cosas o dinero haciendo daño a los demás?
2.      ¿De qué manera podemos ir consiguiendo lo digno para vivir pero sin atentar contra la justicia, honradez, fraternidad…?
3.      ¿Con qué principios debemos regirnos para que en ningún momento la ayuda a otras personas se convierta en un pretexto para que alguien continúe enriqueciéndose injustamente?
4.      ¿Qué propósito podemos hacer para que nuestra sana búsqueda del bienestar no se convierta en un rival del Dios de Jesucristo?

jueves, 4 de noviembre de 2010

Lectio Divina. Jueves 4 de noviembre.

Lectio Divina jueves 04  de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Filp 3,3-8; Salmo 104; Lucas  15,1-10


“Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.”

Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra? Cuando la encuentra, se la pone muy contento sobre los hombros y, llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.' Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
• Lucas 15,1-3: Estos tres primeros versos describen el contexto en el que fueron pronunciadas las tres parábolas: “Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle. Los fariseos y los escribas murmuraban”. De un lado, se encontraban los cobradores de impuestos y los pecadores, del otro los fariseos y los doctores de la ley.

• Lucas 15,4: La parábola de la oveja perdida empieza con una pregunta: "¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va a buscar la que se perdió, hasta que la encuentra?” Antes de que él mismo diera una respuesta, Jesús tiene que haber mirado a los oyentes para ver cómo respondían.

• Lucas 15,5-7: deja todo y va detrás de la oveja perdida.

• Lucas 15,8-10:: "O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas y les dice: `Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.' Pues os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.» Dios se alegra con nosotros. Los ángeles también se alegran con nosotros.

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy?
Nos dice que los destinatarios de las parábolas: son “Todos los publicanos y los pecadores que acercaban a él para oírle”. Algo en Jesús atraía. Es la palabra de Jesús la que los atrae (Cf. Is 50,4). Ellos quieren oírlo. Señal de que no se sienten condenados, sino acogidos por él. La crítica de los fariseos y de los escribas era ésta: "¡Este hombre acoge a los pecadores y come con él!". En el envío de los setenta y dos discípulos (Lc 10,1-9), Jesús había mandado acoger a los excluidos, a los enfermos y a los poseídos (Mt 10,8; Lc 10,9) y a practicar la comunión alrededor de la mesa (Lc 10,8).
Es importante darnos cuenta que la pregunta “¿Quién de vosotros…” es formulada de tal manera que la respuesta no puede ser positiva: “Sí, ¡él va en búsqueda de la oveja perdida!” Y tú ¿cómo responderías? ¿Dejarías las 99 ovejas en el campo para ir detrás de la única oveja que se perdió? ¿Quién haría esto? Probablemente la mayoría habrá respondido: “Jesús, entre nosotros, ninguno haría una cosa tan absurda. Dice el proverbio: “¡Mejor un pájaro en mano, que ciento volando!”
Jesús nos ayuda a interpreta la parábola de la oveja perdida. Ahora en la parábola el dueño de las ovejas hace lo que nadie haría: deja todo y va detrás de la oveja perdida. Sólo Dios mismo puede tener esta actitud. Jesús quiere que el fariseo y el escriba que existe en nosotros, en mí, tome conciencia. Los fariseos y los escribas abandonaban a los pecadores y los excluían. Nunca irían tras la oveja perdida. Dejarían que se perdiera en el desierto. Prefieren a las 99 que no se perdieron. Pero Jesús se pone en lugar de la oveja que se perdió, y que en aquel contexto de la religión oficial caería en la desesperación, sin esperanza de ser acogida. Jesús hace saber a ellos y a nosotros: “Si por casualidad te sientes perdido, pecador, recuerda que, para Dios, tú vales más que las 99 otras ovejas. Dios te sigue. Y en caso de que tú te conviertes, tiene que saber que “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión."
Finalizo diciendo que la parábola de la moneda perdida era para comunicar la esperanza a quien estaba amenazado de desesperación por la religión oficial. Este mensaje evoca lo que Dios nos dice en el libro del profeta Isaías: “Te tengo grabado en la palma de mi mano” (Is 49,16). “Tu eres precioso a mis ojos, yo te amo” (Is 43,4)

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

• ¿Tú irías detrás de la oveja perdida?
• ¿Piensas que la Iglesia de hoy es fiel a esta parábola de Jesús?

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
¡Buscad a Yahvé y su poder, id tras su rostro sin tregua, recordad todas sus maravillas, sus prodigios y los juicios de su boca! (Sal 105,4-5)

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Cristo nos quiere mostrar una fotografía suya y nos deja una de sus mejores poses. Nos enseña la del buen pastor que va en busca de la oveja perdida. Pensemos que esa oveja perdida tal vez somos nosotros. Es una fotografía que revela el amor más sincero que jamás persona alguna nos ha manifestado. Un amor sin miedo a dejar el resto del rebaño para buscar en el desierto la oveja descarriada, para salir al encuentro del alma que vive perdida en el desierto de su pecado, de su desinterés por el amor de Dios, de su soberbia. ¿Alguna vez nos hemos preguntado las ocasiones en que Jesús ha salido a nuestro encuentro para tornarnos a casa sobre sus hombros? Sí, justo aquella ocasión en que llevaba 2 años sin confesión y gracias al testimonio de una persona o de un “no sé qué interior”, volví del desierto de mi soberbia para reconciliarme con Cristo. ¿Cuántas veces se lo hemos agradecido? ¿Cuántas veces le hemos dicho “gracias Señor por llevarme en tus hombros cuando estaba perdido en mi orgullo y no sabía cómo regresar al redil de tu gracia? Pero ahora que estoy en tus hombros déjame decirte que jamás quiero volver a separarme de ti”.

Gotas del evangelio: “El domingo”

“Habiendo, pues, resucitado Jesús por la mañana, el primer día de la semana, apareció primeramente a María Magdalena” Marcos 16,9



A principios de este siglo, en un pueblo de un valle de Francia vivía un cristiano piadoso. Tenía un activo comercio de artículos de toda clase. Deseoso de santificar el domingo, no abría su tienda ese día. Por tal motivo era objeto de burlas y jóvenes de la localidad decidieron hacerle una broma.
Un domingo a la maña golpearon a su puerta y, con aire preocupado le dijeron:-Señor, acaba de ocurrir un accidente…necesitaríamos algodón, gasa…el comerciante se apresuró a abrir su negocio y les entregó una amplia provisión de lo pedido.
-Muchas gracias- le dijeron los muchachos.- ¿cuánto le debemos? –Nada, amigos míos. El domingo no vendo, ¡doy!-respondió el creyente.
Los jóvenes se retiraron confundidos, sin decir palabra. Entendieron la lección. El domingo es el día en que el Señor Jesús resucitó. Ese día, él se presentó en medio de sus temerosos discípulos, reunidos con las puertas cerradas, y les dijo: “La paz a vosotros”. Uno de ellos, Tomás, estaba ausente. Jesús volvió el domingo siguiente, para él muy particularmente, y le dijo: “… No seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20,27)
En este día, “el primer día de la semana”, los primeros cristianos se reunían para celebrar la Cena en Memoria de Jesús (Hechos 20,7). En el primer capitulo del Apocalipsis, versículo 10, ese día se llama “EL DÍA DEL SEÑOR”; es el sentido mismo de nuestro vocablo domingo. ¿No deseamos ponerlo aparte para pensar mejor en nuestro Salvador y adorarlo y bendecirlo:

Lectio Divina. Miércoles 03 de noviembre.

Lectio Divina miércoles 03 de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Filp 2,12-18; Salmo 26; Lucas 14,25-33



“Cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”.

Caminaba con él mucha gente y, volviéndose, les dijo: «Si alguno viene junto a mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío. El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío. «Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: `Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.' O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz. Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.


2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?

• Lucas 14,25: El evangelio de hoy es un ejemplo bonito de cómo Lucas transforma las palabras de Jesús en catequesis para la gente de las comunidades. Dice: “Caminaba con él mucha gente. Y volviéndose les dijo”.

• Lucas 14,25-26: Algunos le quitan fuerza a la palabra odiar y la traducen con “dar preferencia a Jesús por encima de los padres”. El texto original usa la expresión “odiar a los padres”. En otro lugar Jesús manda amar y honorar a los padres (Lc 18,20).

• Lucas 14,27 “El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.”. Para entender bien el alcance de esta segunda exigencia debemos mirar el contexto en que Lucas coloca esta palabra de Jesús. Jesús está yendo hacia Jerusalén donde será crucificado y morirá.

• Lucas 14,28-32: Las dos parábolas tienen el mismo objetivo: llevar a las personas a pensar bien antes de tomar una decisión. En la primera parábola dice: “Porque ¿quién de vosotros, que quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla? No sea que, habiendo puesto los cimientos y no pudiendo terminar, todos los que lo vean se pongan a burlarse de él, diciendo: ¡Éste comenzó a edificar y no pudo terminar!” La segunda parábola: “O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para pedir condiciones de paz”.

• Lucas 14,33: La conclusión es una sola: seguir a Jesús es una cosa seria.

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 

El evangelio de hoy habla del discipulado y presenta las condiciones para que alguien pueda ser discípulo o discípula de Jesús. Jesús está camino de Jerusalén, donde va a morir en la Cruz. Este es el contexto en que Lucas coloca las palabras de Jesús sobre el discipulado. El texto nos dice a nosotros la capacidad de catequizar del Maestro ya que Jesús habla a grandes multitudes, esto es, habla a todos, inclusive a la gente de las comunidades del tiempo de Lucas y nos habla también a nosotros hoy. En la enseñanza que sigue, pone las condiciones para que alguien sea discípulo de Jesús.

·         Primera condición  odiar a padre y a madre En el tiempo de Jesús, la situación social y económica llevaba a las familias a encerrarse en sí mismas y les impedía cumplir con la ley del rescate (goel), esto es, socorrer a los hermanos y hermanas de la comunidad (clan) que estaban amenazados de perder su tierra o de caer en la esclavitud (Cf. Dt 15,1-18; Lev 25,23-43). Encerradas en sí mismas, las familias debilitaban la vida de comunidad. Jesús quiere rehacer la vida en comunidad. Por esto, pide que se rompa la visión estrecha de la pequeña familia que se encierra en sí misma y pide que las familias se abran entre sí en la gran familia, en la comunidad. Este es el sentido de odiar el padre y la madre, la mujer, los hijos, los hermanos y hermanas. Jesús mismo, cuando los parientes de su pequeña familia quieren llevarlo de nuevo a Nazaret, no atiende su petición. Ignora u odia su petición y alarga la familia diciendo: “Mi hermano, mi hermana, mi madre son todos aquellos que hacen la voluntad del Padre” (Mc 3,20-21.31-35). Los vínculos familiares no pueden impedir la formación de la Comunidad.
·         Segunda condición cargar la cruz: Seguir a Jesús y llevar la cruz detrás de él significa ir con él hasta Jerusalén para ser crucificado como él. Esto evoca la actitud de las mujeres que “habían seguido a Jesús y le habían servido desde cuando estaba en Galilea. Muchas otras estaban allí, pues había subido con Jesús a Jerusalén” (Mc 15,41). Evoca también la frase de Pablo en la carta a los Gálatas: “Cuanto a mí, jamás me gloriaré a no ser en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Gál 6,14)

Para finalizar entendamos que tanto la primera parábola como la segunda no necesitan explicación, hablan por sí solas: que cada uno reflexione bien sobre su manera de seguir a Jesús y se pregunte si calculó bien las condiciones antes de tomar la decisión de ser discípulo de Jesús.

Hoy, para mucha gente, ser cristiano no es una opción personal, ni una decisión de vida, sino un simple fenómeno cultural. No se les pasa por la cabeza tomar una opción. Quien nace en Costa Rica, es costarricense. Mucha gente es cristiana porque nació así y muere así, sin haber tenido nunca la idea de optar y de asumir lo que ya es por nacimiento.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
• Ser cristiano es cosa seria. Tengo que calcular bien mi manera de seguir a Jesús. ¿Cómo acontece esto en mi vida?
• “Odiar a los padres”; Comunidad o familia. ¿Cómo combinas las dos cosas? ¿Consigues armonizarlas?

 4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Yahvé es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Yahvé, el refugio de mi vida, ¿ante quién temblaré? (Sal 27,1)

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Jesús nos invita a tenerlo como el VALOR CENTRAL de nuestra vida. La pregunta que surge es: ¿Está realmente Jesús al centro de tu vida y de tus valores? Reflexiona en serio

martes, 2 de noviembre de 2010

GOTAS DEL EVANGELIO:

“Pero el Señor le dijo: “No te fijes en su apariencia ni en su elevada estatura, pues yo lo he rechazado. No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón. ” 1Samuel 16,7. “…Son árboles que no dan fruto a su tiempo, dos veces muertos y arrancados de raíz. Judas 12



En un terreno mal cuidado, al lado de nuestro jardín, se alzaba-muy recto hasta una docena de metros-un pino que había sido un hermoso árbol. Al verlo de lejos parecía todavía muy robusto. De cerca, uno se daba cuenta d que estaba muerto y que desde años atrás se mantenía erguido solo por el efecto de innumerables tallos de hiedra que lo asían en apretado abrazo desde la base hasta la cima.
Gracias a esos lazos parecía desafiar el paso del tiempo. Pero esta mañana el viento sopló con violentas ráfagas y ¡zas!... el árbol cayó de golpe, mostrando sus raíces muertas y arrastrando consigo su armadura de impotente hiedra.
¿No es ésta la imagen de muchas personas? Su apariencia exterior ilusiona a los demás y quizá a ellos mismos. Hacen frente a las dificultades de la vida con seguridad y, en plano moral, se conducen honradamente. Pero en ellos no circula ninguna savia viva; son el producto de cierta educación, de las tradiciones y las convenciones del ambiente en que viven; se mantienen en pie por la sola virtud de esas costumbres impuestas. Si cada uno de ellos examinara seriamente su vida, tendría que convenir: “Sí, parezco ser un hombre de bien, pero los principios sobre los cuales me fundo no tiene realidad para mi” Si las sacudidas llegan ser demasiado fueres, la endeble envoltura que los sostiene cede y cae con ellos. De todos modos, el árbol deberá desplomarse; habrá que dejar este mundo. Ante Dios, ¿Qué le ocurrirá al que no haya aceptado la única verdadera vida por la fe en Jesucristo, cuando aún era tiempo para ello.

Lectio Divina. Martes 2 de noviembre.

Lectio Divina martes 02 de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Lamentaciones 3,17-12; Salmo 129; Juan 14,1-6 (Fieles Difuntos)


2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Este texto bíblico ha sido todo él desahogo de  sentimientos de sorpresa y de impotencia producidos por el  contratiempo, por la prueba, por la sorpresa  de la muerte que "los llena de amargura y los envenena". Se tiene la impresión de que todo se hunde y la vida llega a perder  toda perspectiva de felicidad. En el silencio de lo incomprensible debemos seguir esperando en  Dios contra toda esperanza.

b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
Seguimos celebrando la comunión de los santos. Ayer hacíamos memoria de los que han alcanzado su meta y viven en comunión plena con Dios. Hoy recordamos a los fieles difuntos. Es también, la de hoy, una celebración de la esperanza.

Entre los antiguos romanos había distintas creencias respecto al destino final del hombre. Conocemos inscripciones de algunas tumbas. Una decía: no existí, existí, no existo, no me importa. El papa Benedicto XVI, en la encíclica Spe salvi, recordaba esta otra fórmula: Qué pronto hemos caído de la nada en la nada. Reflejan el sentir de quienes vivían sin Dios y sin esperanza. Y también el sentir de R. Mogin, poeta del s. XX, que declaraba: “Estamos sin noticias, sin noticias de esperanza; estamos sin noticias, sin noticias de amor; estamos sin noticias, sin noticias de Dios”.

El apóstol Pablo, en cambio, insistía: “No queremos que se aflijan como los que no tienen esperanza”. Sin duda, la pérdida de hermanos en la fe, la de familiares, la de otras personas, produce aflicción; pero esta ha de estar templada e iluminada por una viva esperanza. La Pascua nos ha revelado a Dios como el que resucitó a Jesús de entre los muertos y el que resucitará a cuantos mueren en el Señor. De ahí el reproche del apóstol a algunos corintios: les dice que negar la resurrección equivale a ignorancia de Dios.

A la vez que recordamos a los hermanos que ya gozan de la presencia de Dios, a la vez que oramos por los fieles difuntos, alentamos nuestra esperanza en el Dios vivo y Dios de vivos. El poeta Novalis, respondiendo a una pregunta clásica, lo formulaba así: “¿Que hacia dónde vamos? Siempre hacia casa”.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
Nuestro Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos, por eso desde el corazón de la muerte celebramos y proclamamos la resurrección.  Los creyentes aceptan la muerte bebiendo el agua viva de la Palabra de Dios, para no morir de sed en el desierto del mundo, y comiendo el Pan de la Vida, que nos fortalece y nos hace triunfar sobre la muerte. Por eso el cristiano sabe que vive para morir y muere para vivir. La muerte cambia de sentido, pues es la posibilidad de vivir eternamente con Cristo. Al recordar a nuestros difuntos, presentamos a Dios nuestras oraciones de intercesión celebrando el misterio pascual de la muerte y resurrección del Señor, comprometiéndonos a vivir mejor nuestra vida.


4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios? con el Salmo 129 Desde lo hondo a ti grito, Señor
Desde lo hondo a ti grito, Señor;  Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón y así infundes respeto.  Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;  mi alma aguarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora;  porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.  Y él redimirá a Israel de todos sus delitos. 

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: En la India se enseñan las: "Cuatro leyes de la espiritualidad"

La primera dice:
"La persona que llega es la persona correcta".
Es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

La segunda ley dice:
"Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido".
Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa...hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera dice:
"En cualquier momento que comience es el momento correcto".
Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última:
"Cuando algo termina, termina".
Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.


Lectio Divina. Lunes 1 de noviembre.

Lectio Divina lunes 01 de noviembre  2010, Tiempo Ordinario, Ciclo –C- Lecturas: Apocalipsis 7,2-4.9-14; Salmo 23; 1Juan 3,1-3; Mateo 5, 1-12 Todos los Santos9


 
Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados serán cuando los injurien, y los persigan y digan con mentira toda clase de mal contra ustedes por mi causa. Alégrense y regocíjense, porque su recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a ustedes.» 

VEAMOS NUESTRA REALIDAD. HOY ESTAMOS MUY CERCA DE HOMBRES Y MUJERES QUE SON SANTOS DE VERDAD. En este mundo de hoy desmitificador y desacralizador parece un hallazgo de anticuario tropezar con un santo. De hecho, sin embargo, estamos muy cerca de hombres y mujeres que son santos de verdad: hombres y mujeres que andan con nosotros el mismo camino y que se esfuerzan por conseguir una vida auténticamente cristiana, fieles al Evangelio de Jesús; hombres y mujeres que luchan por ser justos y pacificadores, pobres y compasivos, limpios de corazón y de corazón compasivo, según el espíritu de las bienaventuranzas. Hoy hay santos que viven entre nosotros. Quizá nos cuesta descubrirlos. Pero ahí están. Lo que ocurre es que son silenciosos. Y por eso pasan desapercibidos entre nosotros, aunque nos crucemos con ellos en la tienda o en el mercado, en el trabajo o en el bar. Son los santos de hoy y de aquí que aún debemos descubrir.

2.  MEDITEMOS la lectura
a. ¿Qué dice el texto?
Sobre el soporte de un esquema literario muy conocido en la tradición sapiencial judía y utilizado otras veces por Jesús, Mateo va señalando las pistas que conducen a la verdadera felicidad. La primera de ellas resume de algún modo las demás: llama dichosos a los que viven la pobreza, entendida aquí como la actitud religiosa de desprendimiento y dependencia de Dios, y al mismo tiempo invita a adoptar esta misma actitud a todos aquellos que quieran tener parte en el reino.


b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? 
El año no tiene días para recordar a todos los santos que han vivido a lo largo de la historia. Son los ciento cuarenta y cuatro mil del pueblo de Israel: doce mil por cada tribu, un pueblo completo, sin diezmar, un número redondo, entero. Y son una muchedumbre innumerable, no ya de Israel, sino de toda raza, pueblo, lengua y nación. No hay días en el año para recordar a cada uno de estos hijos de Dios. Así que los juntamos en una sola celebración, solemne y gozosa.
Podríamos decir también que esta es una fiesta muy del pueblo. Aquí no entra solo esa aristocracia formada por los apóstoles, los grandes héroes de la fe que fueron los mártires, las mujeres que fundaron Congregaciones religiosas, los grandes doctores y doctoras, los grandes Papas. Hoy celebramos también la memoria de los santos anónimos, que han encarnado en su vida las bienaventuranzas y que ahora participan de la vida prometida por Dios.
Entran mujeres y varones: Pablo y Paula, Julio y Julia, Andrés y Andrea, Pedro y Petra, Tomás y Tomasa, Luis y Luisa, y así indefinidamente. Entran mayores y entran jóvenes (como la recién beatificada Chiara Luce Badano); entran ancianos y entran niños (recordemos a Francisco y Lucía, los dos pequeños de las apariciones de Fátima, también beatificados); entran personas de nuestro pueblo y de nuestra familia.
En esta gran fiesta celebramos sobre todo a Dios. Celebramos su obra. Los santos eran personas hechas con los mismos mimbres que nosotros. Con el barro de que cada uno está formado Dios es capaz de modelar al hombre nuevo: mujeres nuevas, varones nuevos; Dios es el alfarero del hombre nuevo.
Decía un teólogo: “un santo es un pecador del que Dios ha tenido misericordia”. Esa fórmula hay que completarla: “un santo es un pecador del que Dios ha tenido misericordia… y que se ha vuelto consciente de esta misericordia y la ha acogido hondamente dentro de sí”. Todo es don de Dios, también nuestra respuesta. Pero es necesario que, por nuestra parte, se dé la acogida de ese don. Sí, creámoslo: Dios puede hacer primores en nosotros.

3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón
Hay santos a granel. ¡Cuánto amor, cuánto sacrificio, cuánta constancia, cuánta fe! A veces cuando se visitan familias se encuentra uno dos veces con Cristo en la misma casa: crucificado, en el enfermo; samaritano en quien lo cuida. No se trata de ejemplos sueltos de bondad. Son virtudes heróicas, que hacen más buenos a quienes las practican y a quienes se benefician de ellas. Suelen estar empapados de confianza en el Padre, movidos por la fuerza del Espíritu, sostenidos por la cruz del Señor. Son los justos de nuestra sociedad. Busquen, busquen ustedes otros modelos de santos de hoy: familias con desempleados, con alcohólicos, con drogadictos. Voluntarios sacrificados, en todos los frentes de la marginación. Visitadores de enfermos, catequistas incansables, trabajadores honrados, madres maravillosas. ¿Quién podría contarlos? ¿Cuántos son los santos, amigos de Dios, fieles a Él y a los hombres?

4.  OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios?
Señor, Dios Padre de todos, hoy nos alegramos con esta constancia: Aunque nos parezca que el mundo está infectado por la maldad del pecado, no todo es infidelidad a ti. Hay santos por todas partes; son innumerables. El cortejo de los santos lo forman quienes pertenecen y viven en el círculo de la verdad, del amor, del silencio, del sacrificio, de la caridad, de la solidaridad, de la justicia... Estos siempre son los primeros en el Reino. En cambio, no lo forman parte del cortejo quienes hacen un pequeño dios de sí mismos, de su cuerpo o arte, de su dinero o poder. Estos son siempre los últimos en el Reino de Dios.
Gracias Padre.

5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? 
Motivación: –Nosotros admiramos a los santos de los altares, pero no los imitamos, ni nos llama la atención su vida de sacrificios o su pobreza. Jesús le da la vuelta a la tortilla: llama dichosos a los pobres… Y es que son verdaderamente felices y santos aquellos que reaccionan ante el sufrimiento ajeno y buscan erradicarlo movidos simplemente por el amor al otro. La santidad no es de los altares, sino de todos los días... Las bienaventuranzas son para todos... “Hilos para entender las bienaventuranzas
Cómo podrá alguien ayudar, si nunca ha necesitado un hombro amigo.  Cómo podrá alguien consolar, si nunca sus entrañas han temblado de dolor.
Cómo podrá alguien curar, si nunca se ha sentido herido.  Cómo podrá alguien ser compasivo,  si nunca se ha visto abatido.
Cómo podrá alguien comprender, si nunca en su vida ha tenido el corazón roto.  Cómo podrá alguien ser misericordioso,  si nunca se ha visto necesitado.
Cómo podrá alguien dar serenidad, si nunca se ha dejado turbar por el Espíritu.  Cómo podrá alguien alentar, si nunca se quebró por la amargura.
Cómo podrá alguien levantar a otros,  si nunca se ha visto caído. Cómo podrá alguien alegrar, si nunca se ha reído de su sombra.
Cómo podrá alguien abrazar, si nunca se ha dejado estrujar. Cómo podrá alguien dar alegría, si nunca se acercó a los pozos negros de la vida.
Cómo podrá alguien enseñar, si nunca ha querido ser discípulo. Cómo podrá alguien anunciar la buena noticia, si nunca se ha preocupado de los signos de los tiempos.
Cómo podrá alguien ser tierno, si en su vida todo son convenios. Cómo podrá alguien acompañar a otros, si su vida es un camino solitario.
Cómo podrá alguien compartirse, si en su vida todo lo tiene cubierto. Cómo podrá alguien gozar el Evangelio,  si lleva cuenta hasta del comino.
Cómo podrá alguien encontrar, si nunca ha estado perdido. Cómo podrá alguien ser dichoso, si las bienaventuranzas le parecen un acoso.